Hay provincias que aparecen en todos los itinerarios. Salta. Jujuy. Misiones. Mendoza. Y luego está Formosa. Una provincia que muchos argentinos apenas conocen y que casi ningún viajero extranjero incluye en sus planes. Quizá precisamente por eso terminé llegando hasta aquí.
Descubrí un territorio donde las carreteras siguen la huella de antiguos caminos indígenas, donde el agua decide cada año el dibujo del paisaje y donde todavía es posible asistir a una fiesta popular sin sentirse un espectador. Formosa no intenta impresionar al viajero. Simplemente sigue siendo ella misma.

¿Cómo y cuándo ir a Formosa?
Situada en el extremo norte de Argentina y abrazada por Paraguay a lo largo de más de mil kilómetros de frontera, Formosa forma parte del Gran Chaco, una de las regiones naturales más extensas y desconocidas de Sudamérica.
Es una provincia de ríos, montes y humedales. El Pilcomayo y el Bermejo dibujan gran parte de su paisaje y condicionan desde hace siglos la vida de quienes habitan estas tierras. Aquí conviven comunidades wichí, pilagá y qom, descendientes de colonos criollos y una naturaleza que todavía conserva un enorme grado de autenticidad.
No es un destino de grandes monumentos. Es un destino de historias. Y quizá por eso merece la pena recorrerlo despacio.

¿Cómo llegar?
La ciudad de Formosa dispone de aeropuerto con conexiones regulares desde Buenos Aires. También es posible llegar en autobús desde distintas ciudades del norte argentino o recorrer la provincia en vehículo propio, la opción más recomendable para visitar el oeste formoseño y el Bañado La Estrella con libertad.
¿Cuándo viajar?
La mejor época para recorrer la provincia suele ser entre mayo y septiembre, cuando las temperaturas son más suaves y resulta mucho más agradable visitar el Bañado La Estrella o recorrer la Ruta 81. Durante el verano el calor puede superar con facilidad los 40 °C y las lluvias condicionan algunos desplazamientos, especialmente en las zonas más alejadas de las principales carreteras.
Comer, beber y dormir en Formosa
El turismo en Formosa sigue siendo relativamente reducido, y esa es también una de las razones por las que conserva una atmósfera tan auténtica. En zonas como el Bañado de la Estrella puedes encontrar campings y hospedajes de distintos precios, pero en la capital es más fácil buscar un hotel o un apartamento en las grandes plataformas. El hotel Regina es una buena opción en el centro.

La gastronomía también forma parte del viaje. El pacú, el surubí, el dorado o la boga protagonizan muchas cartas de restaurantes junto al chipá, la mandioca y el inseparable tereré, imprescindible durante los meses más calurosos. Son sabores sencillos, profundamente ligados al río y al monte.
Algunos restaurantes en Formosa
- Chipás doña Higinia: Igual que los nombres de los pueblos cuentan la historia del Chaco, también lo hace su cocina. En Formosa basta morder una chipa para entenderlo. El almidón de mandioca habla de los pueblos guaraníes; el queso y los huevos recuerdan el mestizaje que llegó después. Es un bocado pequeño, pero en él caben siglos de historia.
- La casa de la Libertad: Frente a la plaza principal sobrevive otra casona histórica: la antigua Casa de la Libertad. Hoy ya no es un museo, sino un restaurante. El salón Irma y su dedicatoria “en honor de mi abuela y todas las abuelas” es el lugar perfecto para un café o unos ñoquis. Quizá sea una buena metáfora de Formosa: un lugar donde el patrimonio sigue vivo porque todavía forma parte de la vida cotidiana.
- Cervecería Artesanal Tatané: Al caer la tarde, pocas cosas apetecen más que sentarse en Tatané con una pinta de cerveza artesanal elaborada en la provincia. Después de recorrer el monte, los fortines y el Bañado La Estrella, descubrir que Formosa también tiene una escena gastronómica joven es otra forma de entender el presente de una tierra que no deja de reinventarse.
- Bien Campero (Las Lomitas): No es un restaurante pensado para el turismo, sino un lugar frecuentado por la gente de la zona. Ese ambiente es precisamente uno de sus mayores atractivos. Después de un día en el Bañado, cenar allí tiene menos de parada turística y más de sobremesa compartida.
La ciudad de Formosa
Aunque muchos viajeros utilizan la capital únicamente como punto de entrada a la provincia, merece dedicarle al menos una jornada antes de poner rumbo al interior.

¿Qué ver en Formosa?
- Costanera Vuelta Fermoza: El gran paseo de la ciudad discurre junto al río Paraguay y cobra vida al caer la tarde. Familias, ciclistas, pescadores y puestos de comida convierten la costanera en el mejor lugar para entender la relación de Formosa con el agua.
- Catedral Nuestra Señora del Carmen y Plaza San Martín. El corazón histórico de la ciudad. Un buen lugar para pasear, tomar un café y observar el ritmo pausado de la vida formoseña.
- Reserva de la Biosfera Laguna Oca: A pocos minutos del centro urbano aparece un paisaje completamente distinto. Senderos, lagunas y bosques ribereños permiten descubrir una extraordinaria diversidad de aves sin salir de la ciudad.
Museos de Formosa:
- Museo Histórico Regional Juan Pablo Duffard: La mejor introducción para comprender la historia provincial: los pueblos originarios, la colonización, el desarrollo del ferrocarril, la formación del territorio y la identidad formoseña.
- Museo Histórico Ferroviario: Una parada especialmente recomendable si después vas a recorrer la Ruta 81. Permite entender el enorme papel que desempeñó el ferrocarril en el nacimiento de buena parte de las localidades del interior.
- Museo Provincial de Ciencias Naturales: Ideal para descubrir la flora, la fauna y los ecosistemas del Gran Chaco antes de aventurarse por el Bañado La Estrella o el oeste provincial.
La provincia contada a través de tres viajes
La visita a Iván me ofreció la oportunidad de atravesar buena parte de la provincia. Pensaba que iba a conocer un territorio y terminé descubriendo varias Formosas diferentes.

La Ruta 81, un viaje por la historia del Gran Chaco
Mi primer viaje comenzó siguiendo la Ruta Nacional 81. Pronto entendí que no estaba recorriendo una carretera cualquiera.
Mucho antes del asfalto, los pueblos originarios ya transitaban este corredor natural entre el Pilcomayo y el Bermejo. Después llegaron los fortines con los que el Estado argentino consolidó su presencia en el Chaco. Más tarde apareció el ramal C-25 del Ferrocarril General Belgrano y, alrededor de sus estaciones, crecieron muchos de los pueblos actuales. Cuando el tren dejó de pasar, la Ruta 81 heredó su papel.
Hoy sigue siendo mucho más que una carretera. Es un viaje por las distintas capas de la historia del norte argentino.
→ Leer: La Perla de la Ruta 81.

El Bañado La Estrella, donde manda el agua
Si la Ruta 81 es el camino, el Bañado La Estrella es la pausa.
Después de cientos de kilómetros de quebrachales, polvo y pequeños pueblos, el paisaje cambia por completo. El agua invade el horizonte, los champales emergen como un bosque fantasma y miles de aves convierten este humedal en uno de los espacios naturales más sorprendentes de Argentina.
Aquí el verdadero arquitecto del paisaje no es el hombre. Es el río Pilcomayo.
Navegar entre jabirús, espátulas rosadas, yacarés y palmeras mientras el cielo se refleja sobre el agua es una de esas experiencias difíciles de explicar con palabras. Intenté atrapar esa sensación en esta crónica sobre el Bañado La Estrella.

Un 9 de julio en Bazán
Hay viajes que uno prepara durante meses. Y otros que simplemente suceden.
Una invitación inesperada me llevó hasta Juan Gregorio Bazán para celebrar el Día de la Independencia junto a los vecinos del pueblo. Entre agrupaciones gauchas, caballos, chamamé, asados a la estaca y el ya inolvidable grito de Pocho —«¡Y que viva Perón, carajo!»— terminé viviendo una de las jornadas más auténticas de todo el viaje.
Esas celebraciones que no aparecen en las guías, pero que terminan definiendo mucho mejor un lugar que cualquier monumento.
→ Leer: Un 9 de julio en Bazán.

La Fiesta Provincial del Alfajor
Si viajas durante el invierno quizá coincidas con una de las celebraciones más curiosas de la provincia. Cada año Formosa organiza la Fiesta Provincial del Alfajor, un encuentro que reúne a productores artesanales llegados desde distintos puntos del país. Degustaciones, talleres y concursos convierten durante unos días al alfajor en el protagonista absoluto.

Puede parecer una simple cita gastronómica, pero es una magnífica oportunidad para descubrir pequeños productores locales y comprobar que la identidad de un territorio también puede contarse a través de sus sabores. Su patio cervecero me permitió también disfrutar en directo del folclore psicodélico de Nde Ramirez que me había descubierto Iván días antes.
Un norte diferente
Hay lugares que uno recuerda por un paisaje.
Otros por una fotografía.
Yo recordaré Formosa por las personas.
Por Iván esperando junto al mate.
Por Balti subiéndose a todos los caballos que encontraba a su paso.
Por Pocho gritando «¡Y que viva Perón, carajo!» en mitad del desfile de Bazán.
Por Negu guiándonos entre los canales del Bañado.
Por quienes me fueron presentando, poco a poco, una provincia que nunca habría entendido viajando deprisa.
Al marcharme comprendí que Formosa no es un destino que se conquista con una lista de lugares que visitar. Es un lugar que alguien te muestra.
Quizá por eso sigue siendo uno de los secretos mejor guardados del norte argentino.
Y quizá también por eso, cuando uno se marcha, siente que todavía le quedan muchas historias por escuchar.