La canción para este ultimo mes del año no podía ser otra. Depedro y su Diciembre. Muchos recuerdos. Muchas aventuras. La promesa de que siempre seguiremos siendo esos soñadores entre los locos.
He crecido con las historias de esos héroes de otoño. Historias de exploradores y aventureros se cuelan entre los cuentos infantiles. Un paso detrás de otro. Persiguiendo muchos de esos sueños. Por aquí os dejo nuestra navegación a Ítaca. Tras los pasos de Ulises.
Con un sueño de locos empezó también nuestro descenso por el río Duero. Todas las grandes aventuras comienzan con una idea. Y esta loca idea se convirtió en otra historia que contar.
Antes que nosotros hubo muchos más de esos soñadores que fueron tildados de locos. Soñadores que se lanzaban a la aventura. Detrás de una idea. Detrás de una quimera. Ibn Batutta y Marco Polo nos descubrieron la historia de la Ruta de la Seda. Nuestro viaje de dos semanas por Uzbekistán nos trasladó a los tiempos de oro y riquezas que sus cartas contaban.
Entre esos locos hubo también muchas soñadoras que se lanzaron a lo desconocido. Que vivieron persiguiendo su sueño. La historia de Etheria dio título a este blog. El libro de Jerrie Mock me ha hecho compañía este mes. Por aquí os cuento un poco sobre ellas. La primera bloggera de la historia. La primera mujer que dio la vuelta al mundo volando en solitario. Bravas pioneras.
En estas fechas, no podía dejar de hablar de la Navidad. Época de otro tipo de sueños y deseos. Ahí va un post fotográfico de los mercadillos navideños en centro Europa y su glüwein.
Aunque la reciente muerte de Martin Parr me empujo también a emularlo y escribir un pequeño post un poco más satírico sobre esta época. Bienvenido Mister Grinch.
Tampoco podía despedirme sin homenajear a uno de los más grandes soñadores entre los locos. Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas. Locura transitoria. Minoría absoluta. Poeta. Músico. Maestro. Irreverente, descarnado, sincero. Único. No hay suficientes adjetivos para describirlo.
Generaciones enteras seguirán coreando sus himnos. “De no quererme dar puntos suspensivos. De no quererse dar nunca por vencidos”. “Y yo, que más humilde soy, solo pido que la ola que surge del último suspiro de un segundo me transporte mecido hasta el siguiente…” Hasta siempre, siempre, siempre Robe Iniesta.
Y hasta aquí llega también esta última carta del año ¡Feliz 2026!