En nuestra escapada a Marrakech en 2018 hicimos una pequeña excursión para descubrir el Atlas. Viajamos hasta el valle del Ourika para conocer sus cascadas, la gastronomía marroquí y la vida de las comunidades beréberes.

Valle del Ourika
El Valle del Ourika es uno de los destinos naturales más bellos y accesibles del Alto Atlas marroquí, ubicado a unos 30 km al sur de Marrakech.

El valle sigue el curso del río Ourika, que desciende desde las montañas del Atlas. A diferencia de las zonas áridas cercanas a Marrakech, aquí el paisaje es verde y fértil, con huertos y frutales, terrazas agrícolas y pueblos de adobe y piedra.

Comunidades bereberes
El Valle del Ourika está habitado por comunidades bereberes que conservan tradiciones ancestrales. Los bereberes o amazigh, como se llaman a sí mismos, habitan el valle desde hace siglos. Sus pueblos se asientan en laderas empinadas, construidos con piedra y adobe, integrados al paisaje para protegerse del clima y aprovechar el agua del río Ourika.

La economía local es principalmente agrícola (con terrazas de cultivo de cebada, maíz, verduras y frutales), ganadera (especialmente ovejas y cabras) y artesanal (con tejidos, cerámica y productos naturales). La vida sigue el ritmo de las estaciones y de la montaña.

Pan bereber
El pan bereber, conocido en Marruecos como khobz o aghrir, es mucho más que un acompañamiento: es la base de la alimentación tradicional y un símbolo de hospitalidad y vida comunitaria en los pueblos del Atlas.
Se elabora principalmente con harina de trigo o cebada, agua, sal y levadura natural. Tiene una corteza gruesa y dorada, con miga densa y ligeramente ácida. Se hornea sobre piedras calientes, en hornos de leña o incluso en sartenes de barro. Su forma suele ser redonda y plana, ideal para partir y compartir.

En las comunidades bereberes del Valle del Ourika el pan se hace a diario o cada pocos días, con masa que fermenta lentamente y se sirve con cuscús, tajín, sopas o verduras. Comer sin pan sería impensable: el pan es utensilio y alimento, usado para recoger guisos o untar salsas. Además, hornear pan es un acto comunitario y familiar, a menudo realizado por mujeres, y se comparte entre vecinos como señal de solidaridad y hospitalidad.
Tajín y cuscús
El tajín (o tagine) es uno de los elementos más icónicos de la cocina marroquí y se complementa perfectamente con el cuscús, aunque también se usa para guisos independientes. Al igual que en la paella, se denomina tajín tanto al recipiente de barro como al plato cocinado en él.
El recipiente tiene base plana y tapa cónica, diseñada para retener el vapor y concentrar los aromas. La tapa permite que la comida se cocine lentamente, mezclando jugos, especias y sabores de manera uniforme. Se cocina sobre fuego de leña, carbón o cocina moderna, pero la esencia sigue siendo la cocción lenta.

El cuscús se elabora a partir de sémola de trigo duro, trabajada a mano con agua y paciencia hasta formar pequeños granos. En Marruecos no se hierve, se cuece al vapor varias veces en una cuscusera, lo que lo vuelve ligero y esponjoso. Tradicionalmente se sirve con verduras de temporada (zanahoria, calabacín, nabo, calabaza), garbanzos, carne (cordero, pollo o solo verduras) y un caldo aromático con especias suaves. Se come en familia, desde una fuente común, casi siempre los viernes, día sagrado.

Otros platos típicos en Marruecos son la Harira (Sopa tradicional, especialmente durante el Ramadán, hecha con tomate, lentejas, garbanzos, carne y hierbas frescas); la Pastilla: (pastel crujiente relleno de carne de pichón o pollo, almendras, azúcar y canela); el Mechoui (cordero asado lentamente, muy jugoso y tierno, a menudo servido en celebraciones) y los Briouats (triángulos de pasta filo rellenos de carne, queso o almendras, fritos o al horno, típicos de aperitivo).
Camellos y turismo
En una de las paradas de la excursión, nos ofrecieron un paseo en camello. Como os conté en “mi primera vez”, ya habíamos hecho una larga excursión en camello en el desierto del Thar, en la India. En esta ocasión nos pareció que era un paseo forzado, extremadamente turístico, y decidimos no montar.

En el Alto Atlas los camellos no se usan tradicionalmente como animales de carga para la agricultura. Allí predominan burros y cabras. Sin embargo, turismo y paseos cortos han hecho que algunos camellos se críen para ofrecer excursiones panorámicas a visitantes, aunque su uso es más típico en zonas desérticas cercanas a Marrakech o el Sahara.

En el Valle del Ourika, se pueden encontrar camellos en puntos estratégicos cerca de las cascadas de Setti Fatma, entradas a senderos turísticos y paradas de pueblos donde los turistas hacen paseos fotográficos.

Cascadas de Setti Fatma
Hay 7 saltos de agua principales, aunque la caminata permite explorar cascadas más pequeñas escondidas entre la vegetación. La altura de algunas supera los 20 metros, y los chorros se pueden tocar o incluso refrescarse en las pozas naturales (aunque el agua es muy fría).

El punto de partida para el trekking de las cascadas es el pueblo de Setti Fatma. El sendero sigue el curso del río Ourika, cruzando puentes rústicos y atravesando poblados de adobe y huertos en terrazas.

Tendrás, que esperar tu turno para usar las escaleras de madera. Un hombre las colocará para poder subir. Pensarás que las cascadas no son demasiado espectaculares. Pero los paisajes del valle son la recompensa perfecta.

Hasta aquí el post de hoy. ¡Nos leemos en breve!
