Visitamos Marrakech y el Atlas en 2018. Seguramente muchas cosas hayan cambiado en la ciudad en estos años. Pero mi revisión del archivo me empuja a dedicarle un post fotográfico a los rincones de Marrakech. Un paseo por el zoco a través de sus imágenes. Una colección de instantáneas sobre sus calles y sus gentes.

Marrakech. Un lugar en el que se mezclan bullicio y espiritualidad. Un lugar en el que tradición y modernidad conviven en el día a día. Olores, colores y sabores. Caos y orden.
Calles y rincones de Marrakech










Zoco de Marrakech
El zoco de Marrakech es uno de los lugares más vibrantes y fascinantes del norte de África. No es solo un mercado. Es un laberinto vivo donde comercio, tradición y vida cotidiana se mezclan desde hace siglos. Caminar por allí es una experiencia intensa de colores, aromas, sonidos y movimiento constante.


Es fácil perderse, y eso es parte del encanto. Cada giro revela algo distinto. Un taller, un patio escondido, un vendedor de té. El zoco funciona como lo hacía hace siglos. Muchos talleres siguen siendo artesanales, y es común ver a los maestros trabajar a la vista del público. El regateo no es un conflicto, sino una forma de diálogo social.


Ubicado en la medina (ciudad antigua), cerca de la plaza Jemaa el-Fna, el zoco está formado por cientos de callejones estrechos cubiertos, organizados históricamente por oficios. Cada zona tiene su especialidad: cuero, alfombras, especias, cerámica, joyería, metal, lámparas, telas y perfumes.

Curtidurías en el zoco de Marrakech
Los curtidores del zoco de Marrakech trabajan en uno de los lugares más impactantes y tradicionales de la ciudad: las curtidurías. Este espacio es una ventana viva a un oficio medieval que casi no ha cambiado en siglos.

Los curtidores transforman pieles de cordero, cabra, vaca y camello en cuero utilizando métodos completamente artesanales. El proceso se realiza en grandes pilas circulares de piedra, llenas de líquidos naturales. Se usan cal, agua y excremento de paloma para limpiar y ablandar las pieles. Después se tiñe con tintes naturales como azafrán (amarillo), índigo (azul), menta (verde) y cochinilla o amapola (rojo). Todo el trabajo se hace a mano y a pie, sin maquinaria moderna.

Las curtidurías están rodeadas de tiendas de cuero, donde se venden bolsos, babuchas, cinturones y chaquetas. Muchas tiendas tienen terrazas desde donde se puede observar el trabajo desde arriba, ofreciendo una de las vistas más emblemáticas de Marrakech.

Alfombras bereberes
La lana y las alfombras son uno de los tesoros más valiosos del zoco de Marrakech y una expresión profunda de la cultura bereber de Marruecos.
La lana proviene principalmente de ovejas del Atlas y se trabaja de forma artesanal. Se esquila, lava y hila a mano. Se tiñe con pigmentos naturales como azafrán, índigo, henna, granada o amapola. Cada tono varía ligeramente, lo que hace que ninguna alfombra sea idéntica a otra


Las alfombras representan el rol central de la mujer bereber, el vínculo con la tierra y una forma de escritura simbólica. Los dibujos no son solo decorativos, muchas veces narran historias personales de las tejedoras, sueños, nacimientos o momentos importantes. En el zoco, entre lana, colores y olores, se entiende que cada alfombra es arte utilitario, memoria y tradición viva.

Especias. Sabores y saberes
Marrakech fue un punto clave en las rutas de caravanas que conectaban África subsahariana, el Mediterráneo y Oriente Medio. La ruta de las especias. La ruta de la seda. Por eso, el zoco se llenó de especias traídas del Sáhara, el Atlas, Asia y el mundo árabe, convirtiéndose en un centro de intercambio de sabores y saberes.


En los puestos verás especias dispuestas en conos de colores, una imagen clásica del zoco. Comino y coriandro, base de la cocina marroquí. Cúrcuma, para color y calidez. Jengibre y canela, usados tanto en platos salados como dulces. Pimentón dulce y picante. Azafrán, uno de los productos más valiosos, especialmente el de Taliouine. Ras el hanout, mezcla compleja de hasta 30 especias, distinta en cada puesto.

Además de su uso culinario, muchas especias también tienen usos cosméticos, medicinales, rituales y espirituales. Los vendedores te explicarán sus propiedades con orgullo y detalle.

Lámparas, candados y teteras
Lámparas, candados y teteras comparten algo esencial: están hechos a mano, con paciencia y conocimiento transmitido por generaciones. Representan una cultura donde lo cotidiano se convierte en arte funcional.
Las lámparas marroquíes están hechas principalmente de latón, cobre o hierro, trabajadas a mano con técnicas de calado y repujado. Sus patrones geométricos y florales proyectan sombras que transforman los espacios en juegos de luz. Se usan tanto en casas como en riads y mezquitas. Cada lámpara es única, ninguna perforación es exactamente igual a otra.

Los candados tradicionales son objetos de metal forjado, a menudo con formas de llaves, animales o símbolos geométricos. Se usaban en cofres, puertas y arcones. No solo protegían bienes, sino que representaban confianza, destino y resguardo espiritual. Muchos diseños tienen origen bereber y se consideran amuletos además de cerraduras.

Las teteras marroquíes, de metal plateado o alpaca, son esenciales para el ritual del té de menta. Están decoradas con grabados finos y formas elegantes. Servir el té es un acto de bienvenida, respeto y conversación. Así, la tetera simboliza el hogar abierto y la palabra compartida.

Un poco de música
En Marrakech, la música no es solo entretenimiento. Cada instrumento cumple una función social y simbólica, desde invocar protección espiritual hasta marcar celebraciones colectivas.

Y nuestros tagelmust
El tagelmust es una de las prendas más emblemáticas y simbólicas del norte de África, especialmente entre los pueblos bereberes y tuareg del Sahara. No es solo una vestimenta. Es identidad, protección y tradición. Es un largo velo o turbante, generalmente de algodón, que los hombres envuelven alrededor de la cabeza y el rostro. Puede medir entre 4 y 10 metros, y deja visibles solo los ojos. Su color más famoso es el índigo, que incluso llega a teñir la piel, razón por la cual a los tuareg se les conoce como los “hombres azules del desierto”.

En el desierto, el tagelmust es esencial. Protege del sol intenso, cubre del viento y la arena, ayuda a conservar la humedad del cuerpo Y sirve como abrigo nocturno. Usar un tagelmust no es disfrazarse, es habitar el desierto con respeto, memoria y pertenencia.

Vivir Marrakech
Marrakech no se visita. Se vive, se siente, se saborea. Caminar por sus estrechas calles te lleva a tiempos pasados. La mezcla de olores, sabores y sonidos es impresionante. Las noches en Jemaa el-Fna son inolvidables. La tranquilidad en el Riad es mágica.


La comida típica de Marruecos es una de las más ricas y aromáticas del mundo, fruto del encuentro entre culturas bereber, árabe, andalusí y africana. Comer en Marruecos es un acto social, lento y lleno de ritual.
Los Briouats son triángulos de pasta filo rellenos de carne, queso o almendras, fritos o al horno. Son típicos de aperitivo. Otros platos típicos en Marruecos son el cuscús, el tagine, la harira, la pastilla y el mechoui.

Descubrir el Atlas
Desde Marrakech, hicimos una pequeña excursión al alto Atlas y el valle del Ourika. ¡Os lo cuento en este post!

Hasta aquí el post de hoy. ¡Nos leemos en breve!
