Un año más por estas fechas me planteo volar por un tiempo. Me planteo viajar al otro lado del planeta. Volar para descubrir otras realidades y otros mundos.
Han sido meses de parada obligatoria. También ha sido el momento de vivir de nuevo el pueblo. Has leído bien. No me he comido ninguna preposición. Han sido meses de vivir en Vitigudino, pero también de vivir Vitigudino. Saborear el día a día. Disfrutarlo de lunes a domingo.
La newsletter de este mes pide ser una vuelta a las raíces. Mi humilde interpretación de aquella acertada frase de Hodding Carter. “Dame raíces para crecer y alas para volar”.
Años después la M.O.D.A puso música a ese sentimiento. No te olvides de donde vienes. Para continuar con esa costumbre de inaugurar cada carta con una banda sonora. Aquí os dejo a los héroes del sábado.
Siguiendo esos versos de la M.O.D.A, escribí en agosto este post. Un relato sobre los incendios que cada verano asolan nuestros campos amarillos. Y es que, en los golpes de la vida, no se olvida, no se olvida.
Continuando con aquello de no olvidar y, aprovechando las tareas de mi curso de fotografía, vieron la luz algunos de mis posts más personales. Así nacieron los foto-relatos autobiográficos de “unviaje al pasado” e “identidad charra”.
En los meses de regreso al hogar también hay tiempo para ayudar a mis padres en las tareas de “verdeo y cosecha”. Aunque he de reconocer que me dediqué más a la cámara que a los olivos, el resultado mereció la pena. Muchos ya habéis probado las deliciosas aceitunas de mi madre, al resto os puedo asegurar que todo lo que cocina es espectacular.
Y siguiendo los pasos de mi padre y mis abuelos, salí cámara en mano una de esas mañanitas de niebla de Vitigudino. Un recorrido por los caminos hasta los Robles y el Socorro que terminó en este homenaje al refranero castellano.