Recuerdo aquel día. Vamos a casa de mi tía abuela Socorro. Me ha dicho que vayamos a tomar un café. Nos quiere regalar un libro que ha escrito. Retazos de una vida rebelde. Sus memorias.

No me he cambiado de nombre, fuero Ignacio y un médico ruso los que me empezaron a llamar Kosko, ya que decían que no podían llamarme en voz alta porque parecía que estaban pidiendo un SOS. “¿Podemos llamarte Kosko? Es un nombre ruso muy bonito”. Y desde entonces amigos, compañeros de trabajo y todos los que me conocían me han llamado así. ¿Qué más da?
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde
Retazos de una vida rebelde
Recuerdo aquel día. Sentada junto con mis padres en el salón de una tía de la que desconocía todo: Socorro (Kosko) Martín Rovira. La hermana de mi bisabuelo Sebastián. Yo tenía poco más de 15 años. El café se enfriaba. No tenía tiempo de beber. Estaba escuchando una historia que no tenía nada que envidiar a las de los libros de mi biblioteca. Una Historia con mayúsculas. Una persona digna de admirar. A sus 85 años todavía tenía mucho que contar. Muchísimo que enseñar.

Salí de su casa con un nudo en la garganta. Con ganas de saber más. Creo que mi juventud me impidió volver más días a aquella casa. Releer sus memorias es un lujo. Ojalá hubiera regresado.
No me tratéis de ilusa al escribir estas páginas, solo sentía la necesidad de hacer un balance de las vivencias que tanta huella dejaron en mi alma y marcaron mi vida. Nunca fue mi intención de sacar un libro, puesto que no tengo ni la cultura ni idea de lo que es ser un escritor. Solamente como os he dicho, he pensado escribiendo en el ocaso de mi vida.
Kosko Marín Rovira. Retazos de una vida rebelde
La memoria tiene nombre de mujer
Las palabras del Antropólogo Jorge Moreno Andrés en la exposición de “El Cuerpo Errante” retumban en mi cabeza. “La memoria tiene nombre de mujer”. ”La memoria es de quien se para y escucha”. Me hacen regresar al relato de mi tía Socorro.

Localizo este pequeño libro encuadernado en canutillo. Hay cosas que no se pueden perder. El relato de Kosko es una de esas historias que deben perdurar en el tiempo. Quizá en unos años llegue a las librerías. Por el momento, me permito este pequeño homenaje.
Socorro (Kosko) Martín Rovira
La tía Socorro Martín Rovira nació en Vitigudino el 16 de julio de 1917 y falleció el 2 de octubre de 2013. 96 años llenos de vida y aventuras.
Allá por el año 1917, mi querida madre me trajo al mundo, cuando el mundo se debatía entre crueles guerras […]. Yo me he preguntado muchas veces si no influirían en mi vida aquellas lunas para que a lo largo de mi vida me comprometiera con tanta fuerza, con tanto ahínco, y hasta con rebeldía, por las injusticias y la pobreza social.
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde

Nací en una familia numerosa, hago el número 15 de 18 hermanos de un mismo matrimonio (ahora se diría: ¡Qué barbaridad!). Un padre inteligente, honesto, trabajador y, por qué no decirlo, guapo y estilizado como un junco. Y una madre… que parió a 18 cachorros, los amamantó y los educó sin descuidar una buena formación […]. Mis hermanos todos muy sanotes y con un coeficiente intelectual muy aceptable. Poco más puedo decir de mi familia, ya que me fui de casa a los 16 años, pero si recuerdo una infancia muy feliz.
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde
Astorga y la llegada de la guerra
Cuando Socorro contaba apenas 14 años, unos misioneros llegaron a Vitigudino. Uno de ellos le dirijo que le veía cualidades para ser una buena Hija de la Caridad y Socorro ya no pudo sacarse esa idea de la cabeza. Poco después, y contra la voluntad de sus padres, decidió marchar.

Pasó 2 años estudiando en el internado de Astorga hasta que en 1936 todo cambió. El 18 de julio, después de los exámenes finales, estalló la Guerra Civil. La mayoría de las niñas decidieron regresar con sus familias pero ella no.
”Las he reunido porque mi deber es informarlas de todo lo que está ocurriendo en España. Está dividida entre militares y republicanos, y ya han bombardeado varias ciudades de Asturias. Hay muchos muertos y heridos y las autoridades militares nos han pedido que preparemos el hospital y también el colegio por si se necesita. En breve recibiremos los primeros heridos del frente de León con Asturias. […] En cuanto a vosotras niñas, no puedo obligaros a que os quedéis aquí. La mayoría sois aún menores de edad. Lo que si quiero que sepáis es que aquí os necesitamos”
Madre Superiora Astorga en 1936
Socorro y sus compañeras decidieron quedarse. Así se convirtieron en enfermeras improvisadas. Aprendiendo a pie de cama. Descubriendo el lado más duro de la guerra. Entre amputados, muertes y bombardeos. Entre luchas y desapariciones.
Así pasaron 3 años de aquella guerra tan cruel y sangrienta.
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde
El Noviciado y la época de maestra
Con casi 19 años, a Socorro la enviaron al Noviciado de Sangüesa en Navarra. “El noviciado fue un tiempo de silencios, de disciplina, de un desconocimiento total de la vida real y de retorcer la voluntad para decir a todo que sí”. Aunque tuvo muchas dudas en eso de la “fe ciega” que le intentaban inculcar, Socorro terminó tomando los hábitos.
De allí la destinaron a un colegio en Hoznayo, cerca de Solares. Fue muy feliz ejerciendo de maestra de párvulos (sin serlo). Un día los antiguos maestros del pueblo le contaron que las escuelas estatales habían sido cerradas y ellos despedidos por rojos. Además, el “colegio de las monjitas” era de pago y muchas familias del pueblo hacían grandes esfuerzos para poder pagarlo. Aunque años después, gracias a la intercesión de las hermanas, los maestros pudieron volver a ejercer.
“Ya había terminado la guerra, pero había otra guerra de guerrillas, los escapados, los guerrilleros, los maquis”. Allí vivió de cerca Socorro la historia de Pin el Cariñoso. Corría el año cuarenta y dos ¡y qué escasez de todo!
A los 5 años de novicia, debía hacer sus votos y seguía teniendo dudas. Dudas sobre la fe ciega y las injusticias que estaba viendo. ¡Qué difícil me parecía poder realizarme con mis sueños, con mis exigencias y con mis ideales! Con todas sus dudas, Socorro acabó tomando los votos en presencia de su padre y 4 de sus hermanos.
Socorro echaba de menos sus años en el hospital de sangre de Astorga y solicitó trabajar con enfermos. Finalmente su deseo fue concedido y la enviaron al hospital de Basurto en Bilbao.
De vuelta a la enfermería
Al llegar a Basurto le destinaron al pabellón Furtubay, el pabellón infantil, junto a los doctores Amayra y Lekerika Beaskoba. Allí, sus ideas sobre organización y aislamiento fueron bienvenidas. También su propuesta de hacer regalos de reyes a los niños enfermos. En Bilbao volvió a vivir de cerca la represión de la dictadura. Allí su amigo Yosu, el doctor Lekerika, fue detenido y liberado tiempo después gracias a los contactos de las monjas.
Socorro era una persona inquieta y le preocupaba no tener la formación suficiente para ejercer. Así empezó a estudiar con la ayuda de los doctores. En 1950 aprobó en la Universidad de Salamanca el examen que la acreditaba como enfermera. Obtuvo también el diploma de Auxiliar de Puericultura en 1952.

En 1953 le ofrecieron dirigir la escuela de enfermería en Basurto pero Socorro quería trabajar con los enfermos así que lo rechazó. Esto no gustó a sus superiores y fue trasladada a Madrid. Comenzó a trabajar en el Hospital de la Facultad de Medicina. El hospital de San Carlos y la vieja facultad de Atocha.
Madrid y el dispensario de Vallecas
En Madrid ejercía de enfermera en el servicio de Neurocirugía, dirigido por Rafael Vara López. Además, a Socorro le encargaron el dispensario de Vallecas. Allí conoció al padre Llanos que abandonó la falange para irse a vivir a una de las chabolas Del Pozo del tío Raimundo. Allí conoció también a Monseñor Iniesta, el obispo Rojo de Vallecas y a Carlos Jiménez de Parga. El padre Llanos fomentó la construcción de viviendas dignas y abrió los primeros talleres de Formación Profesional en esta zona.
Había mucha tuberculosis, mucha poliomielitis y gracias a Cáritas vacunamos a cientos de niños[…] Los barrios de Vallecas por entonces (hablo del año 48) estaban ubicados en aquel extensísimo campo de chabolas y basureros. ¿Cuántos cientos de miles de personas acogía aquel campo? Imposible de calcular. Todas las noches se levantaban nuevas chabolas para acoger a los nuevos emigrados, que venían buscando trabajo y pan para sobrevivir.
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde
Allí atendió enfermos y partos. Allí conoció también a cientos de indocumentados y desheredados que había dejado la guerra. Socorro seguía incomodando a las altas esferas de la congregación y aprovecharon el traslado del hospital universitario al clínico de la Facultad Complutense para enviarla a la Residencia de Toledo.
La UVA de Fuencarral
Kosko pasó un tiempo tranquilo y feliz en Toledo. Pero, tras 6 años, el doctor Vara solicitó el regreso de Socorro a Madrid y sus superioras no pudieron negarse. La convivencia en el convento era cada vez más complicada y Socorro se puso en contacto con su amigo Ignacio Armada para buscar una alternativa. Buscaron una chabola en la UVA (Unidad Vecinal de Absorción de Fuencarral pueblo) para irse a vivir allí donde más la necesitaban.

Así dejó su trabajo en el Clínico y su vida en comunidad. Así se trasladó junto a dos de sus hermanas a una chabola sin tendido eléctrico ni agua y comenzó a trabajar en el hospital psiquiátrico de Fuencarral.
Éramos las primeras monjas que en España saldríamos de una comunidad tradicional para vivir una vida tan desconocida como arriesgada
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde
Allí después de mucha lucha consiguieron la apertura de la escuela para los niños del barrio. También la llegada del agua corriente. Clases nocturnas para adultos. Taller de costura. Mil anécdotas cuenta Kosko en su libro. Las excursiones con los niños. Los pacientes del psiquiátrico. La vida en esa “otra comunidad”. Merece la pena sumergirse en sus aventuras.
El dispensario de la UVA
Los pacientes de psiquiatría no eran lo suyo y, tras 2 años, se trasladó a trabajar a un sanatorio antituberculoso y, de allí, a La Paz. Mientras tanto pusieron en marcha el dispensario del barrio. “¿Cuántas miles de personas hay aquí metidas? Aquí casi todas las familias son numerosas y hay toda clase de enfermedades. Tuberculosos, reumáticos, leprosos, polio y un largo etcétera según un estudio que estamosLa UVA de Fuencarral haciendo.”

Con la ayuda de Cáritas, vacunaron contra la polio en el barrio. Con la colaboración del Club de Los Leones de Chamartín montaron un gimnasio donde Sor Mª Teresa, fisioterapeuta, y sus colaboradoras iniciaron sesiones de rehabilitación para los que ya sufrían las secuelas de esta enfermedad.
Había niños que con la ayuda de las paralelas ya se ponían de pie, se le fueron colocando los aparatitos en las piernas y con sus muletas ya empezaron a dar algunos pasos. ¡Qué alegría en aquellas caritas! Y no digamos en la de sus madres…También acudían algunos hemipléjicos, recuperación de fracturados…
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde
El caso de una mujer de la comunidad les hizo destapar un caso de tráfico de niños en la maternidad. El ahogamiento de un niño tras una de las inundaciones en el barrio fue el detonante para denunciar con más fuerza las condiciones infrahumanas del barrio. Imposible imaginar todas las intrahistorias de su historia. Finalmente, el ministerio de vivienda construyó bloques de pisos baratos en esa zona y todo el que pudo se reubicó. El dispensario ya no era necesario. Otra etapa cerrada.
Movilización social
Durante algunos años siguió viviendo en su chabola y trabajando en la Paz. Comenzó también a acudir a las “jornadas de la Teología de la Liberación”. Allí varios religiosos compartían sus dudas sobre la iglesia. Allí se enteraron del asesinato de Juan Pablo I. Sus superioras movieron a sus amigas a otro destino. Enviaron con Kosko a dos nuevas compañeras que no compartían sus ideales y que corrían a chivarse de todos sus movimientos. La Visitadora quiso enviar a Socorro a otro lugar pero ella se negó y la comunidad de las Hijas de la Caridad le dio la espalda.
La salud de Kosko empezó a resentirse y sus amigos le convencieron para que abandonara la chabola. Así se fue a vivir al Barrio del Pilar. Su primera lucha allí la perdió. La asociación de vecinos no pudo evitar la venta de la Vaguada a una multinacional. Siguió acudiendo a múltiples manifestaciones y reuniones, siempre para mejorar la vida de los más débiles. En una de esas manifestaciones se encontraba el 24 de enero de 1977. Socorro fue una de las primeras personas en llegar a la puerta de Atocha 55 aquel fatídico día.
¿Crees que merece la pena la vida de lucha y ajetreo que llevamos? ¿Crees que esto acabará algún día?
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde
Tras jubilarse, se volvió a vivir a Viti. Aquí impartió varios cursos de Auxiliares de Clínica y escribió sus memorias. Le tocó correr delante de los grises muchas veces. Tuvo que callar y esconderse. Acudió a juicios de compañeros y amigos. También fue una de las primeras en enterarse de la muerte de Franco. Estaba trabajando en la Paz la noche que allí falleció. Vivió la transición y el 23F en las calles de Madrid. Su historia se entremezcla con la historia de España.
Retazos de una vida rebelde
Después de hacer una larga y seria reflexión de lo que ha sido mi vida, y ya en el ocaso de larga misma , con 84 años, creo que volvería a comportarme y a jugarme el tipo como en muchas ocasiones lo he hecho. A luchar contra las injusticias y por la libertad de cada hombre. […]. Y creedme que hoy, cuando termino de escribir, me encuentro en paz conmigo misma y por eso doy gracias a la vida que me dio mucho valor y sentimientos para luchar y no quedarme sentada en el camino en este mundo tan complicado y difícil.
Socorro Martín Rovira. Retazos de una vida rebelde