La Chiquitanía es una región poco conocida del oriente boliviano. Al llegar a Santa Cruz me puse a mirar el mapa para ver que podía visitar en los alrededores. Me llama la atención esa parte del mapa boliviano. La Chiquitanía. Una región fronteriza, ubicada entre la Amazonia y el Chaco. Una región donde se cruzan selva, sabana y memoria. La fusión de las misiones jesuíticas y los pueblos indígenas chiquitanos.

Había visitado San Ignacio Mini el año pasado en Misiones y me encantó. Así que decidí intentar conocer esta zona boliviana en mi último viaje al país.
Índice
- Antes de ir a Bolivia
- ¿Cómo llegar a la Chiquitanía?
- Un poco de historia
- Misiones chiquitanas
- Cotoca
- San José de Chiquitos
- Santiago de Chiquitos
- Tucabaca
- Aguascalientes
- Chochis
- Corumbá y el Pantanal
¿Cómo llegar a la Chiquitanía?
Os dejo más información sobre los transportes, itinerarios, moneda o clima en el post Bolivia en 3 semanas.
El tren de pasajeros que comunica Santa Cruz de la Sierra con Puerto Quijarro solo transita una vez a la semana. Esto hace complicado hacer coincidir la ida y la vuelta en este transporte.

Pregunté en la terminal de autobuses sobre las salidas hacia la Chiquitanía y hay varias compañías que hacen el recorrido de forma diaria con paradas en San José, Aguas Calientes o Roboré. También se puede solicitar bajar o subir en algunos parajes intermedios. Para el regreso desde Chochis pude hablar con el Quijarreño vía wasap (+59173620660) y solicitar que subir a la flota en la ruta, a la salida del pueblo. Otras compañías como la Perla de Oriente también paran en lugares intermedios.

Llegar a Santiago era más complicado y no tenía demasiado tiempo así que terminé contratando una excursión de tres días con famtour. Ya sabéis que no soy muy fan de las excursiones organizadas pero me permitió llegar a varios lugares en poco tiempo y también conocí a algunas personas maravillosas.
Un poco de historia
Encuentro con los “chiquitos”
La Chiquitanía. Un nombre que parece anecdótico pero encierra una historia de encuentro, malentendido y poder. Según la explicación más difundida, los conquistadores españoles llamaron “chiquitos” a los pueblos de la región porque sus viviendas tenían puertas bajas, que obligaban a agacharse para entrar. Desde la mirada europea, eso se interpretó como algo “pequeño”, y el nombre quedó. Pero no era lo que parecía. En realidad las casas no eran pequeñas en su interior, las puertas bajas tenían funciones prácticas y culturales (protección contra el calor, defensa frente a animales, control del acceso…). Es decir, no describían a las personas, sino a una arquitectura adaptada al entorno.
Con el tiempo “chiquitos” pasó a nombrar a los pueblos indígenas de la zona y luego surgió el término chiquitanos como identidad colectiva. Un nombre que agrupa a diversos pueblos bajo una sola etiqueta impuesta desde afuera. Así el nombre “Chiquitanía” revela algo más. Muestra cómo el lenguaje puede moldear la percepción de un territorio y como una mirada externa simplifica una gran diversidad conviertiendo diferencias en una etiqueta uniforme.

La máscara del abuelo
San José de Chiquitos. Mi primera parada en la región. Me llaman la atención la presencia de máscaras grafiteadas en las paredes, en los puestos de venta de artesanía e incluso decorando las típicas letras de bienvenido a… Tengo que investigar qué significan.
Aquí está. La máscara del abuelo. Una tradición relativamente nueva que nació como burla a los misioneros jesuitas. En la época misional los primeros en convertirse a la nueva religión católica fueron los jóvenes. Al salir del templo, los nuevos conversos eran recibidos por los “abuelos” que se ponían mascaras pintadas que representaban en forma de burla a los misioneros que impartían el nuevo culto. Desde entonces se convirtió en un símbolo de identidad indígena y resistencia cultural.
Las máscaras se tallan manualmente a partir de la raíz del árbol de toco, se lijan, limpian y pintan al óleo, un proceso que honra a los antepasados. Hoy estas máscaras representan sabiduría y tradición. La danza de los abuelos. El sonido de las semillas. El regreso a otros tiempos.

Misiones chiquitanas
Estas misiones fueron fundadas en los siglos XVII y XVIII por los jesuitas, quienes trabajaron con pueblos indígenas (como los chiquitanos) para crear comunidades autosuficientes. Lo más llamativo es que muchas de sus iglesias de madera siguen en uso hoy, con una arquitectura barroca mestiza única en el mundo.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767 por la corona española, muchas misiones fueron abandonadas en otras regiones de América. Sin embargo, en Chiquitos las comunidades continuaron, lo que explica por qué hoy están tan bien conservadas. Seis de estas misiones fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990: San José de Chiquitos, San Javier, Concepción, Santa Ana, San Miguel y San Rafael.
Cotoca
El mercado de Cotoca es nuestra primera parada después de salir de Santa Cruz. Aquí podemos desayunar un delicioso sonso y un chocolate caliente por 14 bolivianos.

El sonso es una comida sencilla pero muy sabrosa, con una fuerte raíz indígena. Es una preparación a base de yuca (mandioca) cocida y machacada, mezclada con queso. La masa resultante se cocina hasta quedar dorada por fuera y suave por dentro. Hay dos versiones principales, al palo o a la parrilla. En la versión al palo (como la de la foto), la masa se enrolla alrededor de un palo y se asa al fuego y es muy tradicional en zonas rurales. La versión a la sartén o a la parrilla se cocina como una especie de tortilla o bollo aplastado.
San José de Chiquitos
El gran atractivo es la Iglesia de San José de Chiquitos. Aunque forma parte del circuito de misiones, tiene una diferencia clave. Fue la última misión fundada (siglo XVIII) y su iglesia está construida en piedra, no en madera como las otras.

También es interesante visitar el pequeño museo adyacente a la iglesia en el cual se explica la historia de la llegada de los jesuitas y la fundación de sus misiones.
Cerca de San José se encuentran también los restos arqueológicos de Santa Cruz la Vieja. Allí fue fundada en 1561 la primera Santa Cruz por el conquistador español Ñuflo de Chaves. Con el tiempo, la ciudad fue trasladada varias veces hasta asentarse en su ubicación actual.

Santiago de Chiquitos
Santiago de Chiquitos fue parte del sistema de misiones jesuíticas impulsado por la Compañía de Jesús en los siglos XVII y XVIII. Aunque su iglesia no es tan monumental como otras del circuito principal, conserva la esencia de la vida misional y la herencia cultural chiquitana.

Al volver de la ruta al mirador de la antesala del cielo, paramos en Santiago para cenar y disfrutamos de un Keperi delicioso en el restaurante 25 de julio, acompañado de un mocochinchi. El Keperi es es un plato típico del oriente de Bolivia. Es un plato preparado principalmente con carne de res, generalmente cortes como el pecho o costilla, que se cocinan lentamente hasta quedar muy suaves.
El mocochinchi es una bebida dulce hecha a base de duraznos deshidratados (duraznos secos con carozo), cocidos en agua con azúcar y especias.

Tucabaca y “la antesala del cielo”
Desde los miradores ubicados en lo alto de la Serranía de Santiago, se obtienen vistas panorámicas enormes del valle de Tucabaca y del bosque chiquitano. La sensación es literalmente estar por encima del paisaje, con horizontes infinitos, nubes bajas y atardeceres espectaculares. Por eso se ganó el apodo de “antesala del cielo”.

Para llegar al mirador deberás realizar una caminata de entre 4 y 11km dependiendo de la ruta. entre 4 y 11 km según la ruta. Nosotros hicimos la ruta más corta y tardamos unas 2h entre subir y bajar. La subida es de dificultad moderada y se atraviesan bosque seco, formaciones rocosas (“los guardianes” y miradores intermedios.

Santiago es también la puerta de entrada a la reserva Municipal de Vida Silvestre Valle de Tucabaca, un área protegida creada para conservar uno de los ecosistemas más valiosos de Sudamérica: el bosque seco chiquitano. Tucabaca es clave porque es parte del bosque seco tropical más grande del mundo, funciona como zona de transición entre la Amazonía, el Chaco y el Cerrado y tiene una biodiversidad enorme.

Aguascalientes
Durante nuestra visita por la Chiquitanía nos alojamos en Aguascalientes. Eso nos permitió disfrutar de sus aguas termales al caer la noche ya que la temperatura diurna hace imposible relajarse en estas aguas.
Como su nombre indica, el lugar es famoso por sus manantiales de aguas termales naturales. Estas aguas emergen del subsuelo a temperaturas cálidas y son conocidas por sus propiedades minerales. En la zona conocida como “los hervores”, el agua que mana convierte el suelo en una especie de arenas movedizas en las que podrás hundirte hasta la cintura. Una sensación extraña, pero relajante.
Además, la zona está poco intervenida por lo que permite disfrutar de un ambiente natural tranquilo y de sus estrellados cielos.

Chochis
Chochis es una pequeña comunidad rodeada de serranías rocosas, vegetación del bosque seco chiquitano y paisajes imponentes. A pesar de su tamaño, concentra algunos de los atractivos más impactantes de la región.
La muela del diablo
El gran ícono del lugar es la Muela del Diablo, una enorme formación rocosa vertical con forma de “diente” que se eleva de manera impresionante sobre el paisaje. Deberás evitar este nombre al hablar con los lugareños ya que, para muchos, tiene una energía especial y es considerado un lugar sagrado.

Santuario mariano de la Torre
Al pie de la muela se encuentra el Santuario Mariano de la Torre. Es un lugar de peregrinación y recogimiento y su arquitectura sencilla contrasta con el imponente fondo rocoso.

El santuario fue construido en memoria de las víctimas de una inundación acaecida en 1979 en la que solo se salvaron aquellas personas que consiguieron subir a lo alto de la muela.
Mirador de “el guardián”
Ascendiendo durante una media hora desde el Santuario, se alcanza este mirador que permite disfrutar de unas vistas espectaculares de los valles chiquitanos.

Corumbá y el Pantanal
Corumbá es una de esas típicas ciudades fronterizas dedicada al comercio. Una calle llena de tiendas y bolivianos que acuden a hacer compras. No en vano, no es necesario hacer migración para llegar hasta esta ciudad brasileña. “Es el comercio, amigo”.
Sí es interesante subir hasta el mirador del Cristo de Corumbá para disfrutar de las vistas de la ciudad con el Pantanal al fondo.

También es recomendable tomar una de las chalanas de paseo para adentrarse unos kilómetros en el Pantanal navegando por el río Paraguay. Corumbá es conocida como la puerta de entrada a este humedal.

El Pantanal es el humedal tropical más grande del mundo, compartido por Brasil, Bolivia y Paraguay. Es uno de los ecosistemas más impresionantes del planeta. A diferencia de la Amazonía, el Pantanal se inunda gran parte del año y tiene paisajes abiertos (sabanas, lagunas, ríos) que permiten ver animales con mucha facilidad.

El Pantanal es famoso por su biodiversidad y la presencia de jaguares (una de las mayores concentraciones del mundo), yacarés (caimanes), capibaras, anacondas y más de 600 especies de aves.
Hasta aquí el post de hoy. ¡Nos leemos en breve!
