Pampa y cielo. Cielo y pampa. Pelos de punta. Carne de gallina. ¿Ya ha pasado un año? Si. Parece mentira, pero ya ha pasado un año y los voluntarios de Pata Pila vuelven a llenar las calles de Yacuy de juegos y risas.
¿Sólo de juegos y risas? Por supuesto que no. Aquí cada uno deja lo que tiene. Sus conocimientos, su tiempo y su energía.

El año pasado os detallé todo lo que se hace en Pata Pila y en el viaje de voluntarios en sus correspondientes posts. Pero siempre hay algo más que contar. Seguimos gritando por los que han perdido la voz.
Para cambia el mundo de la gente que de tanto gritar ha perdido esa voz. Ya no pueden cantar, toma fuerza el dolor y salís a pelear por un mundo mejor.
Efecto de sincronicidad. Adrian Berra
Pampa y cielo. Cielo y pampa
Pampa y cielo. Cielo y pampa. Así empieza la canción que cierra cada día los juegos de la plaza durante la semana del viaje de voluntarios de Pata Pila. Así se cierran las 3h de carreras y risas por hoy. Las palmas llaman a la ronda. Nadie se quiere ir a casa, pero llegó el momento. ¡Ronda, ronda! Las manitas aparecen de los distintos rincones de la plaza para formar este enorme círculo. Pampa y cielo. Cielo y pampa. Pelos de punta. Cuantos recuerdos. Cuantos momentos mágicos vividos.

Los juegos en la plaza son la actividad estrella del voluntariado. Todos los niños de Yacuy esperan con ansia este momento. Solo hay que ver las sonrisas cuando nos ven pasar por las calles. Como le cambia la cara cuando ven el logo en la camioneta o en las camisetas de los voluntarios. Pelos de punta. Carne de gallina. Momentos que nunca se olvidan.

Cada rincón de la plaza se convierte en el lugar perfecto para una actividad. Zona de pinta y colorea, zona de pulseras, vóley, fútbol, trenzas y peinados, la mancha, encestar el aro… Cada uno elige qué le apetece hacer aquí y ahora. Las risas y las carreras llenan la plaza una vez más. Pelos de punta. Carne de gallina. Momentos que nunca se olvidan.

Y en el medio de la pampa, un ombú…
Ombú: planta originaria del noreste argentino, que se considera un árbol patrio del país. Su nombre proviene de la palabra umbú, que en guaraní significa sombra.
Sombras. No todo son risas y diversión. Las sombras nos acompañan. Mientras caminamos, mientras jugamos, mientras participamos en los talleres. De repente, un ombú. Una sombra. De nuevo pelos de punta, carne de gallina. Pero, esta vez, ganas de llorar.

Esa historia que nos cuenta la familia durante el relevamiento. Esa niña con la piel llena de llagas. Ese bote de desodorante vacío. Esas niñas adolescentes que se prenden a las pulseras y los dibujos porque les faltó infancia. Ese llanto que te rompe por dentro. Esas historias que ahora tienen nombre. Esos momentos que nos recuerdan por qué estamos aquí. Por qué sentimos esta bronca. Por qué hay que seguir trabajando.

Mientras atendemos en misión El Cruce, Delfi me hace una pregunta y me encuentro respondiendo igual que el año pasado. No hay medios. No hay cambios. Sigue habiendo racismo y olvido. ¿Pensabas que este año iba a ser más fácil? ¿Pensabas que conocer la situación iba a hacerte más dura? Pelos de punta. Carne de gallina. Ganas de llorar.

Y al lado del ombú, un caballo…
Entre las sombras aparecen ellos. Cuál jinetes a caballo. A veces incluso sin montura ni arreos. Luchando contra las adversidades del lugar y el clima. Hablo de los equipos de territorio. Ya os conté mucho sobre ellos el año pasado, pero se merecen líneas y más líneas. Gracias chicas. Gracias chicos.

Podéis leer aquí todo lo que hacen en el terreno. Como llegan a cada comunidad para intentar ayudar a las familias desde el punto de vista Nutricional, social y psicopedagógico. Impresionante.
Y encima del caballo, un gaucho tomando mate
Tomando mate, tereré, fernet, vino o chicha. Así compartimos risas y llantos. Así este magnífico grupo de voluntarias se convierte en una familia. Una familia con sueños parecidos, con mucha energía y ganas de cambiar el mundo.

El reencuentro con Ceci, Nini, Martina, Agus, Ana y Eli es especial. Parece que no ha pasado el tiempo. ¿Un año? Imposible. Hay experiencias que marcan para siempre. Hay lazos forjados a fuego. Gracias por cruzaros en mi vida. Gracias por ser y estar.

¡Pero la familia aumenta! Nuevos miembros aparecen en la escuela. Pili, Juli, Delfi, Marina, Vicky, Mariana, Cami, Adri, Emi, Flavia, Gaby M, Gaby P, Gaby V, Vero, Martu, Pili, Sonia y Valen. Gracias por sumaros. Gracias por no mirar hacia otro lado. Ya sois parte.

Y al lado del gaucho tomando mate, un perrito. Y arriba del perrito… Pulguitas, pulguitas, pulguitas!
Y como pulguitas nos sentimos nosotras. Pensando que lo que hacemos es demasiado poco para lo que se necesita. Pensando que nunca hay suficiente tiempo, suficientes recursos o suficientes manos. Pero el mar no sería tan grande si cada gota no contara. Seguimos soñando. Seguimos trabajando. Seguiremos intentándolo.
Salta querida, pensada y soñada. Regreso a sus cerros para encontrarme con mis amigos.
Amanezco en un colegio prestado que desvela con el alba. Los días renacen y no se agotan, las rutinas pasajeras aquí no existen. Solo hay pequeños músculos que deciden moverse en conjunto porque nadie los acompaña de regreso a casa. También hay manos agrietadas que preparan la mesa y te invitan a pasar para preguntarte cuándo volverás.Salta amada, esperada y cuidada. Regreso a sus yungas para encontrarme con lo que no nos cuentan. Respetar nuestro país y cantar el himno en nuestro norte, hacerlo parte de lo que él quiere y no de lo que creemos que necesita… el resto tan solo observar de lejos y respetar su silencio. Imponer la manera de sentir también es tirano, por lo que solo espero que nuestro norte siempre esté dentro del campo de visión y no en las afueras muy lejanas. Quizá de esta manera, las mujeres que aquí habitan puedan disfrutar de ser mujer. Quizá de esta manera los niños que aquí habitan disfruten, al menos, cinco minutos más del dibujo que pintan.
Siempre me faltarán palabras.
Martina Di Tirro
Pero no quiero que los recuerdos de mi adorada Pampa y cielo acaben con tristeza. Las pulguitas se convierten en cosquillas en el final de cada ronda. Las carcajadas inundan el ambiente. La sonrisa: esa línea recta que lo endereza todo.

¿Y eso es todo?
No. Claro que no. Necesitaba soltar estas reflexiones. Llevo días sin encontrar el momento para sentarme a escribir. Con la espinita de querer vaciar mis pensamientos en el teclado y no encontrar cómo ni cuándo. Ahora que por fin lo he conseguido os cuento un poquito más de lo que pasó estos días.
Y por si quieres unirte a la comunidad de Pata Pila… ¡Aquí te dejo el link!
¡Únete a la comunidad Pata Pila!
Los preparativos…
El viaje de voluntarios empieza mucho antes de que el equipo pise Yacuy. Que se lo pregunten a Ceci. No ha acabado el viaje de este año y ya está empezando a planificar el del año que viene…
En esta ocasión, tuve la oportunidad de colaborar un poquito en los preparativos. Mucho por hacer y poco tiempo. Compras y más compras. Preparar la escuela, mover frigoríficos, montar ventiladores. Preparar afiches y cartelería… Mejor ese color. La línea no está completamente recta. Borrar, borrar. ¡Gracias Ceci por aguantar nuestros tocs y manías!

Pero no solo hay tiempo para el trabajo. Nos movemos “a todo gas”. Hay tiempo para todo. Visita a Bolivia. Trekking. Trabajo online. Muchas risas. Nuevas canciones. Helados. Unicornios y jirafas. Y hasta nuestro propio cine. Una semana para el recuerdo.
Hablando de canciones… ¡mi lista de canciones para vivir el norte va aumentando exponencialmente! Gracias a todos por descubrirme nuevos horizontes. ¡Me re-copa!
Algunas actividades del viaje de voluntarios
Además de la juegoteca, evento estrella de cada día de voluntariado. El grupo de voluntarias ha preparado muchas más actividades. Talleres de RCP, prevención y tratamiento de diarreas, taller de huerta, conversaciones con jóvenes, adultos mayores y mujeres. Actividades para todos los públicos.

Salimos a Kilómetro 6 y Tuyunti. Las mamás y niños de estas comunidades pueden así disfrutar también de los talleres y los juegos.

Intensamente
Intensamente. Así se viven los días aquí. No podía ser otra la película elegida para el cine comunitario.

¿Tienes entradas para el cine? Los niños nos preguntan por la calle. La entrada, por supuesto, es gratuita, pero nadie quiere perderse la función. Todos quieren conseguir su entrada por si acaso. Saben, además, que la peli irá acompañada de jugo y pochoclo. ¿Quién querría perdérsela?
Llega el día señalado. Todos llegan a la plaza acompañados de su taza. Empiezan los juegos pero están pensando en el cine. Se palpa el nerviosismo. No ven el momento de que empiece la peli. Comienzan a hacer fila una hora antes de lo previsto. En sus caras se refleja la emoción.

De repente, empieza la tormenta. Algunos de los más pequeños se asustan y comienzan a llorar. Los mayores los abrazan. Varios nos piden que los alcemos. Que pena. Muchos padres pasan a llevar a los niños de vuelta a casa. Aún quedan muchísimos. Esperemos bajo el tejadillo. ¡Si llueve no nos vamos! La decoración ha sufrido algunos desperfectos y la capilla está un poco llena de agua pero… el show debe continuar!

La proyección de un vídeo con fotos de la plaza hace que las carcajadas inunden la sala. Todos se reconocen. Todos se sienten parte de algo enorme.
La sala está llena hasta la bandera. Todos disfrutan de la peli, el jugo y el pochoclo. Aunque fuera esté “muy hondo”, éxito absoluto.

Humitas donde Eli e Ismael
Eli e Ismael nos invitan cada año a preparar humitas en su casa. Nos muestran el modo de prepararlas y nos guían con paciencia mientras intentamos aprender. El año pasado no pude acudir a cocinar porque coincidió con el taller de ESI. Pero este año no me lo iba a perder. Una experiencia genial. Quitamos la chala a las mazorcas, desgranamos, molemos, preparamos el sofrito, añadimos el queso, hacemos la mezcla, montamos la humita en su chala y las enviamos a cocer en el fuego. Deliciosas. Pero, lo mejor, la compañía. Las conversaciones. El tiempo compartido.

El chorro y Yariguarenda
La visita al chorro del sábado de voluntariado es otra de esas actividades indispensables. Una visita imperdible. Un pequeño paseo con una gran recompensa final. Un baño debajo del chorro. Alivio para el calor y para el alma. De nuevo ganan las risas. De nuevo aparecen las canciones. Pampa y cielo. El ruedas. ¡Entonces mueva!

Este año además hay una novedad. Nos acompañan durante el camino al chorro Carlitos, Daniel y Oscar, guías de Yariguarenda. El camino con ellos mejora. Nos cuentan sus vivencias y tradiciones. Nos muestran distintos árboles, aves y huellas. Aprendemos un poquito más sobre este maravilloso lugar.

Forman parte de una cooperativa de turismo rural que está intentando impulsar la zona. Su proyecto ha sido elegido para recibir financiación por parte de Pata Pila. Quieren mejorar los caminos, crear un centro de interpretación, ofrecer comidas, mantener sus tradiciones. Tiene una pinta estupenda.
Gracias a nuestros padres, que no pudieron estudiar y nos empujaron a que nosotros lo hiciéramos, tenemos esta mente de soñar en cosas mejores
Carlitos, guía de Yariguarenda
Tras regresar del chorro, acudimos a casa de la abuela Marta. Centro neurálgico de Yariguarenda. Allí nos esperan Nati y todo el equipo de cocina. Se respira tranquilidad. Un lugar espectacular.
Puedes ver más sobre Yariguarenda en su instagram.
Antes de comer, Nati nos invita a participar en una ceremonia de agradecimiento o Yerure. Acompañados de la Whipala y la bandera guaraní; chicha, coca y sahumerios nos ayudan a agradecer todo lo que está sucediendo.

Humitas, tamales y empanadas deliciosas acompañan la charla durante el almuerzo. Es un placer hablar con Nati. Si no me frenas puedo estar preguntando durante horas. Gracias por compartir tu sabiduría con nosotros. Volveremos.

El mejor cierre
Último día del viaje de voluntarios. Después de volver del chorro, nos espera la merienda comunitaria y el último día en la plaza. El último partido de vóley. El último pampa y cielo. Las despedidas se alargan. Los abrazos duran más. Cuesta decir adiós.

Y después de la despedida de los chicos. Toca la nuestra. Aquí tampoco queremos decir adiós. Es solo un hasta luego. La mejor forma de despedirnos. Entre cumbias, cuartetos y pogos. Practicando la puntería y la coordinación. Entre cantos, bailes y abrazos. Gracias por una semana espectacular. ¡Esto recién empieza!

¿Y por qué no un re-cierre? Una llamada me obliga a viajar a Salta el domingo. Cena, peña y boliche. Chacareras, cumbia y fernet. Tampoco se nos ha dado mal esta última despedida. ¡Nos vemos pronto!

¡Nos vemos en 2026!

Gracias Patri, por poner en palabras lo q también siento, ya van 4 días de regreso a casa y sigo allá, y quiero seguir un poco allá y ver cómo lo puedo convertir en acción q llegue de alguna manera, xq no puedo esperar tanto, 1 año es mucho.
Si Dios quiere nos volveremos a ver.
Te abrazo fuerte