Persiguiendo el fin del mundo. Deseando que el fin del mundo nos pille bailando. Soñando con llegar a todas esas esquinas más perdidas de los mapas. Transitando por caminos raros. Siento una enorme adicción a visitar aquellos lugares que el imaginario popular convirtió en el fin del Mundo. Finisterre. El cabo San Vicente. Ushuaia. Cabo Norte. La Isla de Pascua. Una mezcla de geografía, mito e historia que merecía reunirse en un solo post.

Persiguiendo el fin del mundo
A lo largo de la historia, muchos lugares han sido llamados “el fin del mundo” (finis terrae) porque marcaban el límite del mundo conocido, por su aislamiento extremo o por la sensación física de estar en el borde de la Tierra.
Cada época ha tenido su propio fin del mundo. Porque el fin del mundo no es un punto fijo, sino aquel lugar donde comenzaba el miedo o la aventura, el límite del conocimiento, el lugar donde el mapa se volvía blanco. El lugar donde se acaba la tierra y empieza el misterio.
Hoy sabemos que la Tierra no tiene bordes, pero la emoción de llegar a un lugar donde todo parece terminar sigue intacta. Por eso estos sitios nos siguen atrayendo. Por eso estos lugares están repletos de viajeros, soñadores y buscadores de horizontes.
El fin del mundo en la antigüedad
Finisterre
Para los romanos, este era el punto más occidental del mundo conocido. Allá donde el sol moría en el océano. Recibe su nombre del latín Finis Terrae y es un lugar cargado de rituales y misticismo

Hoy es el final simbólico del Camino De Santiago. Allí nos recibió el sonido del viento y un atardecer espectacular en el final de nuestra caminata desde Santiago de Compostela.
El Cabo San Vicente
El cabo San Vicente, situado en el Algarve portugués, fue considerado el fin del mundo por fenicios, romanos y medievales. Sus inmensos acantilados frente al Atlántico siguen Infundiendo miedo y respeto a los navegantes.

Islandia
Para la Europa medieval, Islandia era una tierra casi mítica que se asociaba al caos y al fin de los mapas.
El cráter del volcán Snæfellsjökull es la puerta de entrada al interior del planeta en la maravillosa obra de Julio Verne. El profesor Otto Lidenbrock, su sobrino Axel y el guía islandés Hans Bjelke descienden por el cráter Sneffels en su Viaje al Centro de la Tierra. Verne eligió Snæfellsjökull porque Islandia representaba en el siglo XIX el confín del mundo conocido. Sus volcanes y paisajes parecían casi irreales para la Europa de la época y el glaciar aportaba una mezcla perfecta de ciencia, misterio y aventura.
Hoy en día visitar Islandia en invierno es teletransportarse a otro planeta. Sigue siendo una tierra llena de mitos, una canción de hielo y fuego.

Las islas afortunadas
En la Edad Media, las Islas Canarias eran el último punto antes del océano. Un lugar de tránsito hacia lo desconocido.

El fin del mundo moderno
Tierra de Fuego y Ushuaia
Ushuaia es la ciudad más austral del mundo y allí se popularizó el título de “fin del mundo” lo que la convirtió en un lugar icónico. El frío y el viento que reina en la región acrecienta la sensación de aislamiento extremo.

Cabo de Hornos
El Cabo de Hornos chileno es un punto mítico para navegantes. El paso de Drake se sitúa en uno de los mares más peligrosos del planeta y simboliza el límite entre océanos y continentes.
Nordkapp
Nordkapp. Cabo Norte. 71º 10´21´´. La tormenta de nieve que nos acompañó en esta visita a Noruega añadió épica a la visita de este lugar, el punto más septentrional del continente europeo.

La Antártida
Este territorio, inhóspito y desconocido, ha sido, durante siglos, el verdadero límite del mundo y hoy sigue siendo el “fin del mundo” más literal.
Visitar la Antártida es uno de esos sueños viajeros que aún me quedan por cumplir. Un sueño viajero grabado a fuego. Uno de esos sueños a los que varias personas ya me han pedido apuntarse. Espero poder contároslo más pronto que tarde. Aquí queda dicho.
La Isla de Pascua
Rapa Nui se considera el fin del mundo simbólico debido a su aislamiento absoluto en el Pacífico y la presencia de una cultura única surgida lejos de todo. Al llegar a este mágico lugar, la sensación de estar lejos del mundo te aborda por completo.

Y que el fin del mundo nos pille bailando
Que el fin del mundo te pille bailando, que el escenario me tiña las canas. Que nunca sepas ni cómo ni cuándo, ni ciento volando ni ayer ni mañana.
Noches de boda. Joaquín Sabina