Ñamae. Mirada. Una de las pocas palabras que he conseguido aprender en guaraní. Ojos que cuentan más que muchas palabras. Pupilas que empiezan a conocer el mundo. Miradas que esconden siglos de historia.

Miradas de ida y vuelta
En los últimos años la fotografía se ha hecho imprescindible en mis viajes y en mi día a día. Se ha convertido en algo más que un hobbie. Es mi forma preferida de interpretar el mundo. En esta tercera visita a Yacuy me gustaría acercar este arte a la comunidad.
Así, decido iniciar un pequeño taller de fotografía con el celular. Un espacio para intercambiar miradas. 4 encuentros, 10 alumnos y muchas ganas. 4 tardes para hacer un repaso rápido de la técnica, la composición, las luces y la edición y la narrativa. 10 alumnos que pueden parecer pocos, pero para este primer acercamiento son un montón.

Después de la primera clase, un wasap. “Profe, hice estas fotos”. Flores, mariposas, una maceta detrás de una línea guía. Son buenísimas. Pero lo que más me gusta es que se han animado a salir a retratar el mundo. La tarea de hoy ha sido un empujón para empezar a mirar lo que les rodea. Solo por esto, ya ha valido la pena.
El proyecto final
En la última clase les propongo un proyecto final. Cada uno debe hacer 5 fotos que cuenten una historia. Como en todos los talleres, algunos alumnos son más aplicados que otros. Unas fotos me llegan enseguida y otras tengo que reclamarlas. Pero me pongo contenta. Hay muchas fotos lindas. Paisajes, flores, retratos, atardeceres, reflejos… y la historia de Juana. Una vaca a la que abandonó su mamá y ahora vive en el patio. Una narrativa completa, con todos sus detalles.

Bravo chicos. Unos capos. Cada uno con su estilo. Cada uno con su mirada. Para muestra un botón.

Exposición del 1 de mayo
¿Una exposición de fotografía en el norte? ¿Y por qué no? Que cada alumno elija algunas de sus fotos y las exponemos para el 1 de mayo, día del patrón de Yacuy. Dicho y hecho. Jenny y yo ponemos la impresora a trabajar y empiezan a aparecer esos tesoros.
Orgullo. Ese es mi primer sentimiento cuando acabo de imprimir todas las fotos. Felicidad. Este segundo sentimiento aparece cuando veo sus caras mirando sus propias fotografías.

Magia. No puedo explicar con palabras lo que siento cuando cada grupo de niños va acercándose a las fotos. Jovenes exponiendo y más jovenes aún disfrutando de la exposición. Sus ojos se iluminan. Se contestan unos a otros donde está hecha cada foto. Reconocen personas y lugares. Son sus personas y sus lugares. La propia comunidad creando sus imágenes. Contando su historia desde dentro.

Otro momento que me llena el corazoncito es ver a Blasia pasando las fotos con delicadeza. Durante la exposición ha estado vendiendo pan y no ha podido acercarse, pero, al dirigirme hacia casa me pide que se las muestre. Una vez más, reconoce lugares y personas. Sonríe. Se siente parte.

Ñamae
Este taller fotográfico me permite también hacer algunos retratos a algunas de las personas de la comunidad. Me libera de esa sentimiento ambiguo que me hacía dudar en las dos anteriores visitas. No quería que la cámara se convirtiera en una barrera ni aparecer con ella al cuello. Me parecía intimidatoria. Pero una buena amiga me abrió los ojos. ¿Vas a hacer fotos por todo el mundo menos aquí? Nosotras también queremos formar parte de esas vidas cruzadas, de esas miradas de ida y vuelta.
No hacía falta mucho más para encender mis ansias de fotografiar a estas enormes mujeres guaraníes. Sus miradas reflejan su fuerza y sabiduría. Sus sonrisas lo dicen todo. Gracias a todas por aceptarme como una más. Nos volveremos a encontrar en el camino.
Yasoropai
Yasoropai. Gracias. Otra de ese número muy limitado de palabras guaraníes que he conseguido memorizar. Con la intención de dar las gracias nace este post sobre todas esas grandes mujeres (y algunos hombres) que me abrieron las puertas de este maravilloso lugar. Un recorrido a través de sus ñamae. A través de todas esas miradas de ida y vuelta.








Jajeju’u peve! Nos vemos pronto!
