Todos viajamos guiados por mapas invisibles. Toda mirada se construye a partir de otras miradas.
Los libros que me acompañan, la música que escucho mientras escribo, las fotografías que me enseñaron a mirar, las películas a las que siempre vuelvo, las exposiciones que me inspiran… Estos son algunos de los mapas que siguen guiando mi camino.

No es una lista de mis libros o películas favoritas. Es el mapa de las personas, las obras y las ideas que, de una forma u otra, han moldeado mi manera de mirar el mundo.
Es también una forma de seguir respondiéndome algunas preguntas. ¿Por qué vuelvo siempre a Kapuściński? ¿Qué aprendí de Leila Guerriero? ¿Por qué Inge Morath y no Cartier-Bresson? ¿Qué me lleva a seguir escuchando a Vetusta Morla mientras escribo? ¿Por qué sigo creyendo que viajar es una forma de comprender?
Libros que me enseñaron a pensar
Antes de descubrir el periodismo narrativo o la fotografía documental, hubo otros libros que ampliaron mi forma de mirar. El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder, me descubrió que la filosofía no era una sucesión de autores y fechas, sino una invitación permanente a hacerse preguntas. Fue mi primer viaje por las grandes ideas que han intentado explicar quiénes somos y cómo entendemos el mundo.
Poco después llegó Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Mi profesor de Filosofía convirtió aquella novela en el hilo conductor de la asignatura Ciencia, Tecnología y Sociedad. La leíamos despacio, subrayando casi cada página y deteniéndonos en cada conversación. Aquel curso me enseñó que los libros también podían servir para pensar críticamente el presente. Desde entonces sigo creyendo que una buena historia no siempre ofrece respuestas. A veces basta con que nos obligue a formular mejores preguntas.
El libro que lo cambio todo
Descubrí a Kapuściński durante mi viaje por la India. Antes de partir, consulté a mi librero de confianza. Necesitaba un ensayo que me acompañara durante ese viaje que ya se preveía transformador. Rafa no lo dudó ni un segundo: Viajes con Herodoto.
Ese libro lo cambió todo. Kapuściński me mostró que era posible mezclar periodismo, viajes e historia y, además, atrapar al lector. Descubrí una nueva forma de mirar y de contar el mundo. Comprendí que yo también quería contarlo.
Quizá Los Viajes de Etheria empezaron mucho antes de que existiera la web. Empezaron el día que abrí ese libro por primera vez.

Fotógrafos que me enseñaron a mirar
Si tengo que empezar por alguien, es por Nicolás Preci. Además de fotógrafo documental, ha sido mi profesor durante los últimos años y, con el tiempo, también un gran amigo.
Semana tras semana esperaba esa conexión trasatlántica para descubrir una nueva historia, una nueva forma de mirar. Autores elegidos con un cuidado casi artesanal. Clases pensadas para acompañar mi propio camino. Con el tiempo entendí que aquellas conversaciones no solo me estaban enseñando fotografía. Estaban educando mi mirada. Primero a acercarme. Después a mirar. Solo entonces, a fotografiar.
Me empujaron a acercarme
- Inge Morath: antes de hacer una fotografía hay que aprender a acercarse a las personas.
- Anders Petersen: antes que fotografías, hay encuentros.
- Susan Meiselas: acompañar una historia exige tiempo, compromiso y responsabilidad.
- David Alan Harvey: las mejores historias solo aparecen cuando decides quedarte un poco más.
- Chris Steele-Perkins: conocer un lugar exige quedarse el tiempo suficiente para que deje de ser extraño.
Me enseñaron a mirar
- Cristina García Rodero: la identidad también habita en las tradiciones.
- Graciela Iturbide: la poesía puede habitar en la vida cotidiana.
- Alessandra Sanguinetti: la imaginación también forma parte de la verdad documental.
- Robert Frank: la honestidad importa más que la perfección.
- Vivian Maier: observar también puede ser una forma de permanecer en silencio.
- Mike Brodie: algunas historias solo pueden contarse desde dentro.
Me recordaron por qué fotografiar
- Dorothea Lange: la fotografía tiene la capacidad de dar rostro a quienes la historia suele olvidar.
- W. Eugene Smith: algunas historias merecen una vida entera de dedicación.
- Gerda Taro: fotografiar también es dejar testimonio.
- Newsha Tavakolian: incluso en los lugares más difíciles, la dignidad nunca desaparece.
- Alberto García-Alix: toda fotografía termina hablando de quien la hace.
- Steve McCurry: un rostro puede contener la historia de un pueblo entero.
- Susan Sontag: mirar nunca es un acto inocente.
Ninguno de ellos me enseñó únicamente a hacer mejores fotografías. Todos, de una forma u otra, me enseñaron a mirar mejor a las personas.

Banda sonora para la deriva
Vetusta Morla se ha convertido en el hilo conductor de muchas de mis historias. Y, con el tiempo, también de la mía.
Sus canciones me han acompañado en viajes, regresos y largas horas de escritura. Algunas de las frases que mejor me describen nacieron en Los días raros. Otras empezaron como Un día en el mundo y, casi sin darme cuenta, terminaron fluyendo en esta deriva.
Cada carta empieza con una canción. A veces resume lo vivido durante ese mes. Otras veces abre preguntas que las palabras no alcanzan a responder. Con el tiempo, esas canciones han terminado formando la banda sonora de esta deriva. Aquí las reúno porque, igual que las fotografías o los libros, también forman parte del camino. Espero que alguna termine acompañándote a ti.
Porque, al menos en mi cabeza, dejarse llevar sigue sonando demasiado bien.
Libros para dibujar mi mapa
Libros para abrir camino
Los viajes por Europa de Carmen de Burgos me descubrieron una forma de viajar que parecía reservada a muy pocas mujeres de su tiempo. Colombine me recordó que la curiosidad y la libertad siempre han caminado de la mano. Leyéndola entendí que viajar podía ser un camino para descubrir, comprender y contar. Sin saberlo, llevaba años señalándome el camino hacia Los Viajes de Etheria.
Patricia Almarcegui me mostró otra manera de narrar el viaje. En Una viajera por Asia Central demuestra que un itinerario puede ser también una conversación con la historia, la literatura y la memoria de los lugares. Su mirada, serena y curiosa, confirma que viajar sigue siendo una de las mejores maneras de comprender el mundo.
Libros para aprender a contar el mundo
Antes de aprender a escribir, tuve que aprender a leer a quienes lo hacían mucho mejor que yo. Estos autores me enseñaron que detrás de cada buena historia hay tiempo, escucha y una enorme responsabilidad hacia las personas que la protagonizan. Gracias a ellos entendí que viajar, escribir y mirar nunca fueron caminos separados.
- Zona de obras. Con Leila Guerriero descubrí que escribir también es aprender a mirar. Guerriero demuestra que detrás de cada gran historia hay una enorme cantidad de trabajo, dudas y reescrituras.
- En Los cínicos no sirven para este oficio, Kapuściński recuerda que comprender a las personas exige tiempo, curiosidad y respeto. Una lección que va mucho más allá del periodismo.
- Santiago Tejedor fue el primero que me demostró que viajar puede ser otra manera de ejercer el periodismo. Su Manual para ir, mirar y contar me confirmó que ambos caminos nunca estuvieron realmente separados.
- La colección Voces de 5W reúne a periodistas como Martín Caparrós, Agus Morales, Patricia Simón, Mónica G. Prieto, Maruja Torres, Anna Surinyach, Juan Carlos Tomasi, Leila Guerriero o Ander Izagirre. Todos comparten una misma forma de entender el periodismo: escuchar antes de escribir. Su espíritu me recuerda al de la agencia Magnum en sus orígenes. Historias largas, humanas y profundamente comprometidas con las personas que las protagonizan.
- En movimiento, de Oliver Sacks, consiguió algo poco frecuente: explicar que la medicina y la curiosidad nunca estuvieron separadas. Su forma de observar a las personas, de escuchar sus historias y de convertir la ciencia en un relato profundamente humano sigue siendo una fuente de inspiración. Porque escuchar empieza prestando atención.
- Doble esplendor, de Constancia de la Mora, es el relato de una mujer que vivió la historia desde dentro y se negó a ocupar el lugar que otros habían reservado para ella. Su vida demuestra que la memoria también se construye recuperando voces que permanecieron demasiado tiempo en segundo plano. Leerla fue otra forma de confirmar una intuición que ya había encontrado en los libros de Cristina Morató, Mar Abad o Kate Schatz: todavía quedan muchas mujeres esperando ser escuchadas. Quizá por eso nació Vidas cruzadas.

Viajes para comprender el mundo
Otros mapas no trazan fronteras, sino preguntas. Cada uno de estos libros amplió un poco el territorio que creía conocer y me recordó que el mundo siempre es más complejo de lo que parece a primera vista.
- Ébano y el Imperio. Vuelvo una vez más a Kapuściński. No puedo evitarlo. África y la antigua Unión Soviética. Dos mundos aparentemente opuestos unidos por una misma forma de mirar: escuchar antes de explicar.
- Océano África de Xavier Aldekoa me acompañó en mi viaje a Kenia y Tanzania. Aquí el continente africano se presenta como un mosaico de voces, culturas y realidades que desafían cualquier mirada simplista. Despúes llegó a mis manos Quijote en el Congo. Su lectura me creó una nueva necesidad. Navegar el río Congo se ha convertido en un nuevo sueño viajero.
- Julio Villar representa otra forma de viajar. Más lenta, más silenciosa, más libre. ¡Eh, Petrel! es una invitación a navegar sin prisa y a recordar que, a veces, el rumbo importa menos que la travesía.
- Rebecca Solnit escribe sobre la belleza de no saber exactamente hacia dónde se va. En Una guía sobre el arte de perderse entendí que perderse no siempre significa desorientarse; a veces significa dejar espacio para que aparezca lo inesperado. Quizá por eso la palabra deriva sigue acompañándome en cada viaje.
- En El infinito en un junco, Irene Vallejo nos recuerda que cada historia forma parte de una conversación iniciada hace miles de años y que leer sigue siendo una de las formas más poderosas de atravesar fronteras.
- Carl Sagan es uno de esos autores que amplían el mapa. En Los dragones del Edén reúne sus reflexiones sobre la evolución de la inteligencia humana y nos ayuda a recordar que entender el mundo implica preguntarse cómo llegamos a ser quienes somos.
No todos los mapas tienen forma de libro. Algunos se proyectan en una pantalla, otros se escuchan en una canción o aparecen en una fotografía. Todos siguen haciéndome la misma pregunta: ¿cómo mirar mejor el mundo?
Historias que siguen haciéndome preguntas
Hay una pregunta que vuelve una y otra vez: ¿qué podemos aprender unos de otros? Quizá sea esa la pregunta que intento responder cada vez que viajo, fotografío o escribo.
Durante un congreso de cooperación escuché a Patricia Simón pronunciar una frase que sigo recordando desde entonces: «Se atenta contra la dignidad cuando ignoramos a las personas.» Quizá pocas ideas expliquen mejor la manera en que intento viajar, fotografiar y escribir. Todo empieza por negarse a pasar de largo.

El club de los poetas muertos
Hay historias que llegan en el momento justo. El título de Peter Weir es el primero que aparece en mi cabeza cuando alguien me pregunta por mi película favorita. El club de los poetas muertos me enseñó que la educación también consiste en aprender a pensar por uno mismo, a mirar el mundo con curiosidad y a no aceptar respuestas prefabricadas. Quizá por eso sigue recordándome que la mejor brújula siempre será la capacidad de hacerse preguntas.
Human
Miles de personas, decenas de países y unas pocas preguntas universales. El documental de Yann Arthus-Bertrand demuestra que, detrás de cualquier frontera, seguimos compartiendo los mismos miedos, los mismos deseos y la misma necesidad de ser escuchados. Una invitación a mirar primero a las personas y después a las diferencias.
La ola
Hay películas que inquietan porque obligan a reconocer que nadie está completamente a salvo de repetir los errores del pasado. La ola me recordó que el pensamiento crítico no es un lujo intelectual, sino una responsabilidad cotidiana. Quizá por eso sigo creyendo que hacerse preguntas siempre será más importante que aceptar respuestas fáciles.
Persépolis
Persépolis me recordó que la historia siempre tiene rostro. Marjane Satrapi narra el Irán de la Revolución Islámica desde la mirada de una niña que crece entre el miedo, el humor y la esperanza. Una obra que demuestra que las grandes historias suelen entenderse mejor cuando alguien se atreve a contar las pequeñas.
Gurumbé. Canciones de tu memoria negra
Gurumbé rescata una parte de la historia de España que durante siglos permaneció casi invisible: la presencia y la huella de la población africana en nuestra cultura. A través de la música, Miguel Ángel Rosales demuestra que muchas veces la memoria sigue viva incluso cuando los libros la han olvidado. Un documental que invita a cuestionar los relatos oficiales y a preguntarse cuántas historias siguen esperando ser recuperadas.
Imprescindibles
Hay documentales que terminan convirtiéndose en una biblioteca. Eso es para mí Imprescindibles, de RTVE. Gracias a esta serie he descubierto autores, fotógrafos y creadoras que hoy forman parte de mis propios mapas. A las mujeres de España resume muy bien ese espíritu: mirar hacia atrás para recuperar voces que nunca debieron quedar en silencio.
Un día más con vida
En Un día más con vida, Raúl de la Fuente y Damian Nenow adaptan uno de los libros más personales de Kapuściński. Su viaje a la Angola de 1975 termina convirtiéndose en una reflexión sobre la guerra, el miedo y los límites del periodismo. Más que contar un conflicto, intenta comprender a las personas que siguen viviendo en medio de él. Quizá por eso sigo volviendo una y otra vez a Kapuściński: porque me recuerda que ninguna historia merece ser contada si antes no hemos aprendido a escucharla.
Diary of a Journey. A tribute to Inge Morath
Diary of a Journey es mucho más que un retrato de Inge Morath. Es una invitación a viajar despacio, a mirar con curiosidad y a descubrir que las mejores fotografías nacen mucho antes de levantar la cámara.
Tales by Light
Tales by Light demuestra que una fotografía nunca empieza en la cámara. Empieza mucho antes: en la curiosidad, en la paciencia y en la relación que el fotógrafo construye con las personas y los lugares. Una serie que confirma que mirar sigue siendo mucho más importante que fotografiar.
Minamata
Minamata demuestra que algunas fotografías trascienden el papel para convertirse en memoria, denuncia y compromiso. La historia de W. Eugene Smith recuerda que mirar también implica asumir una responsabilidad frente a aquello que vemos.
Mission Blue
Sylvia Earle recuerda que el mayor territorio inexplorado del planeta no está en otro continente, sino bajo la superficie del mar. Mission Blue es una invitación a ampliar la mirada y a entender que viajar implica aprender a cuidar aquello que nos sostiene. Porque solo protegemos de verdad aquello que hemos aprendido a amar.
HOPE! Estamos a tiempo
Javier Peña propone una forma distinta de enfrentarse a los grandes desafíos de nuestro tiempo. En lugar de quedarse en el diagnóstico, recorre el mundo buscando personas y proyectos que ya están construyendo soluciones. Un recordatorio de que el cambio también empieza en las pequeñas historias y de que la esperanza es mucho más útil cuando se convierte en acción.
Ligero de equipaje
Hay libros que enseñan lugares y otros que ayudan a ordenar la brújula. Ligero de equipaje, de José Mujica, pertenece a los segundos. Habla del tiempo, de la libertad y de la importancia de vivir con coherencia. Cada vez que vuelvo a él, me recuerda que la mejor forma de viajar sigue siendo hacerlo con poco equipaje y mucha curiosidad.
Quizá todos viajamos guiados por mapas invisibles
Todos terminamos convirtiéndonos en una suma de las personas, los libros, las canciones y las historias que nos enseñaron a mirar.
Todos estos mapas me trajeron hasta aquí. Ahora me toca seguir dibujando los siguientes. Porque los mejores mapas siempre dejan espacio para perderse.

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