Brindemos deprisa, bebamos despacio

Brindemos deprisa, bebamos despacio
Brindemos deprisa, bebamos despacio

LA DERIVA DE AGOSTO

Brindemos deprisa, bebamos despacio. Por nuestra hermandad.

Agosto siempre significará volver a casa.

Volver a Viti. Volver a Aranda. El Castafest. El Sonorama. Fechas marcadas con rojo en el calendario. Música, familia y amigos. Porque aunque todo salga genial, lo mejor siempre será la compañía. Lo importante no es lo que pasa, sino con quién lo vives. Y porque os quiero a mi lado muchos años: ¡viva la hermandad!

Agosto empieza fuerte. El pequeño de la casa cumple 30. Ángel, Óscar y Paco. Tres quintos tres. La reunión anual en la Castanave se convierte en un festival. Castañuelas. Flamencos. Patos. No se repite ni un estampado. Comienza la fiesta. Abrazos, besos y muchas, muchas risas. El sol no da tregua. Refrescos, vermú, vino y cerveza. La piscina empieza a llenarse. Saltos, focas, balones y chapoteos. Nadie se libra. Ya hay más agua fuera que dentro. Pero se agradece. La tarde avanza. La música se convierte una vez más en protagonista.

Y es que, juntos, ¡incendiaremos el mundo otra vez!

Dime que te has acordao de guardar nuestras hazañas entre los cajones. Muchos cartones con los que montar fuertes y cabañas, tanques y murallas… Nadie quiere perderse el mejor festival del verano. Familia y amigos reunidos. Nunca me cansaré de repetirlo. Qué suerte tengo.

Una semana después, el segundo mejor festival del verano. Desde aquella primera visita en 2015, el Sonorama Ribera se ha convertido en una fecha imperdible. Aranda es casa. Gracias, Raquel, Quique y Álvaro. Por ser y estar. Gracias a todos por compartir cuatro días de risas, llantos, confidencias y mucha, mucha música. Como nunca estuvimos de moda, de moda no podremos pasar.

El conciertazo de Iván Ferreiro y el cierre con Turnedo que pide terminar con los vasos al aire. La MODA y Xoel reivindicando los Campos de Castilla. Lágrimas y emoción cuando 50.000 personas se callan a la vez para sentir a Robe en la voz de Leiva. Espectáculo de drones y de abrazos. Siempre, siempre, siempre. Carne de gallina una vez más al escuchar a todo Aranda gritando que “no te olvides de dónde vienes”. La terraza. El Palo Santo. Ni un vídeo. Pocas fotos. La magia de la música. El poder de la amistad.

Gritar. Reír. Llorar. Dejarse llevar por las emociones.
Saltar. Latir. Volar. Perderse en mil y un abrazos.
Cantar. Fluir. Vibrar. Volver y volver a encontrarse.
Bailar. Sentir. Soñar. Medir el tiempo en canciones.

Mientras escribo estos versos, vuelvo a aquel texto que redacté a finales del año pasado, después de demasiados meses sin vivir la música en directo. Que nunca pare el movimiento.

Y sin tiempo para el descanso, hubo un eclipse de sol, cien mil especies extinguidas y gritos de revolución. Pero una vez más, yo solo recuerdo tu voz. La voz de mis amigos entre cachopos, pimientos, cervezas, farolas que se encienden solas y muchas, muchas risas.

No recordarás el eclipse. Recordarás ese momento. Recordarás con quién estabas.

Para cerrar el mes nada mejor que una escapada al norte. Llevaba demasiado tiempo sin ver el mar. Y ya tocaba. Olas, saltos y risas, muchas risas. Mi madre haciendo fotos desde la orilla y nosotros saludando entre ola y ola. Un nuevo recuerdo desbloqueado. Más hazañas guardadas entre los cajones. Porque, una vez más, lo importante no es lo que pasa, sino con quién lo vives.

Desde los campos castellanos y aún con el azul del mar en el recuerdo, me despido hasta el mes que viene. Será una Deriva especial: habrá pasado un año desde que comenzamos a escribirnos estas cartas.

Que os quiero a mi lado muchos años. ¡Viva la hermandad!

Viajar para comprender. Fotografiar para recordar. Escribir para compartir.
Patri · Los Viajes de Etheria

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