Kusilla Kusilla

Kusilla, kusilla. Empiezo esta crónica pidiendo permiso a la Madre Tierra para escribir su nombre. No sé si fue la Pachamama, la serendipia o la sincronía lo que me llevó esta tarde hasta Lampacito. De lo que sí estoy segura es de que los recuerdos de mi niñez aparecieron nítidamente al descubrir “el muchacho”. Estoy completamente convencida también de que la voz de Mercedes Sosa y Margarita Palacios se fundieron con la de esta otra Margarita, la Margarita de Tinku Kamayu, en cuanto agarró su caja. Y soy plenamente consciente del hormigueo que apareció mi cuerpo mientras el sahumador lo recorría.

Kusilla, kusilla
Kusilla, kusilla

El plan de hoy era otro. Parecía que el día se iba a torcer. Tenía planificada una visita al desierto de Tíu Punco, pero la moto de Seba decidió fallar. Excursión suspendida. Me encontraba a punto de tomar el colectivo de vuelta desde hacia Amaicha y tenía que tomar una decisión: buscar un plan alternativo en Santa María o regresar. En ese momento recordé haber leído algo sobre una cooperativa de tejedoras en Lampacito. Google Maps decía que podía llegar hasta allí en 30 minutos. Decidido. Me quedo.

Camino a Lampacito

Tras salir de la terminal, caminé un tramo de la famosa ruta 40 hasta encontrar el camino hacia Lampacito. Un camino que atraviesa el cauce del río que, por suerte, está seco en esta época del año.

Este es el primer regalo: unas vistas maravillosas de los cerros que rodean este valle. El cerro de colores y las cumbres calchaquís a mi espalda. Las sierras del cajón delante de mis ojos. El otrora nevado perpetuo del Aconquija a mi izquierda. El arenoso fondo del Santamaría a mis pies.

Os dejo una imagen de mi retorno. Con el corazón lleno después de la visita a las hilanderas, me encuentro con esta postal. Dos ancianos de regreso a casa, recortados sobre las últimas luces que bañan la sierra. Dos ancianos cargando leña como lo hacían Ángel y Julio hace algunos días en Carpintero. El paso del tiempo. La persistencia de la historia.

Camino a Lampacito
Camino a Lampacito

Tinku Kamayu

Tinku Kamayu. Reunidas para trabajar. La puerta de este taller de nombre quechua está abierta. Nada más entrar reparo en una mesa llena de tortillas, dulces, mates y café. –¡Uy! ¿Tenéis fiesta? No quiero molestar. –No molestas. Todo el mundo es bienvenido. – Acepto la invitación y camino hacia el interior.

Silvina me muestra todo el proceso de tejido. Comienza enseñándome la materia prima: lana de llama comprada en la época de esquila a los productores de la serranía. Las manos de Silvina trabajan sobre esta lana aún sucia, limpiando el polvo que las cubre y separando las fibras que posteriormente serán hiladas.

Lana de llama
Lana de llama

El siguiente paso es el hilado propiamente dicho. Aquí han comenzado a utilizar máquinas eléctricas que generan un trabajo más rápido que aquel que las antiguas ruecas permitían. Las manos de las artesanas son las que finalmente generan el producto. Las máquinas son sólo una ayuda.

Hilado
Hilado

Para el trenzado de las fibras, uniéndolas de dos en dos, siguen utilizando las antiguas ruecas. Ruecas que empiezan a girar al pulsar el pedal metálico que recorre toda la parte inferior de la mesa. Un pedal muy similar a aquel que vi toda mi vida en las antiguas máquinas de coser. Un viaje al pasado.

Trenzado
Trenzado

El muchacho

Y justo al lado de esta rueca: el muchacho. El segundo regalo de hoy. Un aparato que me teletransporta directamente a las tardes después de la escuela. Vuelvo a ser aquella niña de cabellos rizados. Vuelvo a extender los brazos para que mi madre, mi abuela o mis tías preparen la madeja a su alrededor.

El muchacho
El muchacho

Vengo de una familia de sastres: los Rovira. Pero también soy descendiente de muchas tejedoras. Recuerdo a mi abuela, mis tías y mi madre siempre con las agujas en la mano. Quizá de ahí viene mi adicción a visitar todos los talleres y artesanos que se cruzan en mi camino.

Mi madre sigue tejiendo mucho y muy bien. Una habilidad que no caló en mi. Los intentos de punto de cruz en el colegio fueron mi última incursión en este mundo. Me identifico aquí con las palabras de Agustina: “Lo he intentado, pero soy un desastre.” Os dejo un retrato de mi madre que hice el año pasado. No llegué a tiempo para hacérselo a mis abuelas. ¡¡Haced fotos a vuestros abuelos!!

Mamá
Mamá

Colores y tintes

Lorena es la encargada de mostrarme los tintes. El último paso a tres de llevar el hilo al telar. –Cada hebra necesita 3 días para teñirse; primero elijo los colores que voy a usar, después enciendo el fuego y los pongo a hervir y, cuando están listos, comienza el proceso de teñido– me explica –Usamos muchos colores naturales y también algunos artificiales. A gusto del consumidor– Cebolla, yerba mate, nuez, corteza de vid y otros árboles, jarilla, eucalipto, terebinto, remolacha… Amarillos, verdes, marrones, azules… Un muestrario de color al alcance de la mano.

Tinte natural a base de nuez
Tinte natural a base de nuez

–Somos 13 socias y cada una tenemos nuestra historia– continúa Lorena mientras se decide a compartir parte de la suya. –Mi madre era artesana y yo renegaba de eso. Quería estudiar. Pero la vida tenía otros planes. Me quedé embarazada muy joven y seguí otros caminos hasta que las puertas de Tinku Kamayu se abrieron para mí. Éste lugar se ha convertido en mi hogar. –

Lorena Ramírez
Lorena Ramírez

Su hija Agustina es ahora también socia. No se le da muy bien tejer, como ella misma reconoce, pero ha encontrado la forma de ayudar a la cooperativa en la promoción y las redes sociales.

Los orígenes

Mientras charlamos, Lorena me habla también de los inicios de la cooperativa. Tinku Kamayu fue fundada por Margarita Ramírez en 2001, en un intento de ayudar a las mujeres de su pueblo.

Margarita Ramírez
Margarita Ramírez

La cooperativa comenzó con una idea, ocho mujeres, cinco pesos y cinco kilos de lana. Os invito a descubrir su historia narrada en primera persona en este vídeo.

Tinku Kamayu
Tinku Kamayu

Su nombre significa “reunidas para trabajar” en quechua. Ahora son 13 mujeres las que se reúnen. Trece descendientes calchaquíes que utilizan sus conocimientos ancestrales para lograr productos maravillosos. Echa un ojo a sus creaciones en su perfil de instagram.

La hora del mate

¿Os acordáis de la mesa llena de masitas, dulces y bebidas? No era para una fiesta. Aterricé en plena jornada de “economía de comunión”. Una reunión del movimiento focolar. Me invitaron a sumarme a la actividad y acepté encantada. Un viaje al interior. Una manifestación a través del collage. Mis dotes plásticas dejan mucho que desear, pero la intención es lo que cuenta.

Manifestando…
Manifestando…

María nos sorprende con un quipu incaico que refleja sus sentimientos actuales. Una muestra más de que su cultura ancestral sigue viva en el momento actual.

Quipu incaico
Quipu incaico

Tercer y cuarto regalo

Después de la actividad, llega el tercer regalo de hoy. Margarita agarra su caja y empieza a cantarle a la Pacha. Me recuerda a aquellas coplas de Carolina en la quebrada de las señoritas. Comienza una sahumada. Una ceremonia de purificación que pone el cierre al encuentro de hoy. La brasa brilla y humea en el fondo del cuenco de cerámica. Las manos de Mabel recorren el cuerpo de cada uno de los integrantes de este círculo. De arriba hacia abajo. Sin prisa. Con la calma que solo se respira en el norte. Mi sonrisa me delata. Soy plenamente consciente del hormigueo que apareció mi cuerpo mientras el sahumador lo recorría.

Sahumada en Lampacito
Sahumada en Lampacito

Esta frase parece ser el cierre perfecto de esta crónica. Pero no. Aún hubo un cuarto regalo. De vuelta a casa, el Hanan Pacha me obsequió con uno de esos cielos para el recuerdo. Un cielo puro y lleno de estrellas. Un cielo propio de la puna. Hananpi jina, uranpi jina. Así arriba, como abajo…

Gracias

No puedo despedirme sin agradecer todos estos regalos de la vida. Gracias a la Pacha. Gracias a todas las mujeres importantes de mi vida. Y gracias a todas aquellas mujeres que han ido compartiendo conmigo a lo largo y ancho del planeta sus impresionantes historias. Gracias a todas esas tejedoras de historias.

Tejedoras de historias
Tejedoras de historias

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