Miradas de ida y vuelta. Un proyecto de fotografía y comunidad

V Premio Internacional de Investigación y Ensayo. Arte y Comunidad: Practicas culturales en la atención de lo social. Centro de arte FMJJ.

PSEUDÓNIMO: Colombine

Marco teórico

La práctica fotográfica se considera una estrategia creativa que favorece el intercambio, la comunicación y el empoderamiento comunitario. La fotografía participativa funciona como una herramienta metodológica para generar diálogo, reflexión colectiva y procesos de cambio social en comunidades (“La fotografía participativa como herramienta metodológica en las prácticas de la Psicología Social Comunitaria” – Magdalena Patiño (2016)).

La fotografía es un medio de expresión visual que captura la realidad, o la interpreta, a través de la luz, el encuadre y la intención del autor. Combina técnica y sensibilidad. Se necesitan conocimientos sobre composición, iluminación y uso de la cámara, pero sobre todo precisa una mirada creativa capaz de transmitir emociones, ideas o narrativas. Cada imagen es una decisión: qué incluir, qué excluir y desde qué perspectiva mirar. “La foto no la hace la cámara, la hace quien decide dónde mirar”.

Instantánea. Me encanta esa palabra. La fotografía puede congelar un instante cotidiano y transformarlo en algo significativo. Con esta técnica podemos explorar la identidad, denunciar realidades sociales o simplemente resaltar la belleza de lo simple.

Las imágenes funcionan como dispositivos culturales, sociales y políticos (Visual Methodologies. Gillian Rose). El acto fotográfico también es un medio para expresar emociones, crear conciencia social y fortalecer vínculos comunitarios. (Eyes on the Street: Photovoice and Urban Children. ScienceDirect)

Además, la fotografía puede ser una forma de análisis sociológico (Exploring Society Photographically. Howard Becker). En este sentido, se acuñó el concepto de photo-elicitation donde las fotografías usadas en entrevistas activan memorias, emociones y narrativas que no aparecen en entrevistas tradicionales (Talking about Pictures: A Case for Photo Elicitation). Más tarde, se creó el método photovoice, donde las personas fotografían su realidad para analizar problemas sociales y promover cambios.

Fotografía y comunidad

La fotografía y la comunidad están profundamente conectadas. Las imágenes no solo capturan momentos individuales, construyen memoria colectiva e identidad compartida. La fotografía documenta la vida comunitaria y también crea comunidad. Además, puede ser una herramienta de transformación social. En síntesis, la fotografía no solo refleja a la comunidad, sino que también la construye, la une y la impulsa a reconocerse y evolucionar.

La fotografía como documento comunitario

Podemos retratar tradiciones, celebraciones, conflictos, cambios sociales… También podemos visibilizar la vida cotidiana del lugar. Estas imágenes funcionarán como archivos visuales. Archivos que permiten a un grupo reconocerse, recordar su historia y transmitirla a futuras generaciones.

El principal problema es que muchos de los registros fotográficos se realizan principalmente por personas ajenas al territorio. Con una mirada sesgada por sus propios aprendizajes e influencias. Buscando solo “la foto perfecta” o la foto que represente lo que ellos conocen de esa comunidad.

Este proyecto busca dar voz a los integrantes de las comunidades. Permitir que la comunidad se represente a sí misma, en lugar de ser representada por otros. Fotografiar su historia desde dentro. Así, la comunidad deja de ser objeto de representación para convertirse en sujeto activo en la producción de imágenes, cuestionando las jerarquías tradicionales del arte y promoviendo una democratización de la mirada..

Aquí la fotografía no solo registra la realidad: la construye, la protege y la comunica desde adentro. Es una herramienta de memoria, identidad y resistencia.

La fotografía como herramienta para crear comunidad

La fotografía no solo captura comunidad: la produce. Es un puente entre personas, una forma de diálogo y una herramienta para construir identidad compartida.

La fotografía funciona como un idioma accesible. Como un lenguaje común que no requiere necesariamente palabras. Permite que personas de distintas edades o contextos participen y facilita la expresión de experiencias, emociones y puntos de vista.

Cuando un grupo fotografía su entorno, empieza a construir una mirada colectiva sobre su realidad. Se construye una narrativa propia en vez de la impuesta “desde fuera”. Cuando las personas toman la cámara dejan de ser solo “observadas” y pasan a ser autoras. Pueden mostrar su realidad desde su propia perspectiva y ganan herramientas para narrarse y defender sus intereses.

Esto es especialmente potente en comunidades históricamente marginadas.

El acto de fotografiar puede convertirse en una excusa para reunirse mediante talleres comunitarios donde todos aprenden y enseñan, salidas fotográficas grupales por el territorio y espacios de intercambio donde se comparten historias detrás de cada imagen. En estos procesos, lo importante no es la técnica perfecta, sino el encuentro entre personas.

En “miradas de ida y vuelta”, la fotografía actúa como un lenguaje común que conecta a individuos distintos y genera diálogo y empatía entre ellos.

La fotografía como herramienta de transformación social

Aquí la fotografía va mucho más allá de lo estético: es una forma de intervenir en la realidad, cuestionarla y, en muchos casos, cambiarla. No solo documenta el mundo, puede intervenir en él. Al visibilizar, emocionar y generar diálogo, se convierte en una herramienta capaz de impulsar cambios sociales, culturales y políticos.

La fotografía tiene el poder de mostrar aquello que suele quedar fuera del foco. Tiene el poder de visibilizar lo invisible. Desigualdades sociales, pobreza, exclusión, violencias estructurales o cotidianas. Realidades de comunidades ignoradas por los medios. Cuando estas imágenes circulan, obligan a mirar lo que antes se ignoraba.

A lo largo de la historia, la fotografía ha sido clave para documentar injusticias. Sirve como evidencia en contextos de represión o conflicto, acompaña luchas sociales y movimientos de derechos humanos y genera un impacto emocional que puede movilizar a la acción.

No solo muestra problemas: también transforma cómo los entendemos. Nos obliga a cambiar la mirada. Rompe estereotipos y prejuicios, humaniza realidades complejas y propone nuevas narrativas. Cuando las propias comunidades producen imágenes controlan su representación, cuentan su historia desde adentro y generan discursos propios. Esto convierte a la fotografía en una herramienta de poder cultural y político. Incluso determinadas imágenes se han vuelto símbolo de una causa.

El poder de la fotografía también implica riesgos. Puede revictimizar o explotar el dolor o simplificar realidades complejas. Depende mucho de quién toma la foto y con qué intención. Por eso, la transformación social requiere un uso consciente, respetuoso y crítico de la imagen.

Fotografía y transformación social

Hay muchos momentos en la historia donde la fotografía no solo documentó la realidad, sino que ayudó a transformarla.

Estos casos muestran algo en común. La fotografía transforma cuando circula, conmueve y se conecta con procesos sociales más amplios. No actúa sola, pero puede ser el detonante que cambia percepciones, moviliza a la sociedad y presiona por cambios reales.

A comienzos del siglo XX, Lewis Hine fotografió a niños trabajando en fábricas, minas y campos en Estados Unidos.
Sus imágenes fueron fundamentales para denunciar las condiciones inhumanas del trabajo infantil, sensibilizar a la opinión pública e impulsar reformas legales. Sus fotos ayudaron directamente a la creación de leyes de protección infantil.

En el siglo XIX, Jacob Riis documentó la vida en los barrios marginales de Nueva York. Con su obra How the Other Half Lives expuso las condiciones de hacinamiento, influyó en reformas urbanas y sanitarias y cambió la percepción de las clases medias y altas.

Durante conflictos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, Robert Capa y Gerda Taro, mostraron la crudeza del frente de batalla, humanizaron a los combatientes y acercaron la guerra a la población civil. Su famosa imagen del “miliciano cayendo” se volvió icónica del horror bélico.

Después de Bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, Shōmei Tōmatsu, documentó las consecuencias físicas y sociales del ataque y fortaleció movimientos antinucleares.

En el contexto de la lucha por los derechos civiles en EE.UU., Gordon Parks retrató la segregación racial y la desigualdad y publicó sus fotos en revistas masivas como Life generando empatía en públicos amplios. Su trabajo ayudó a visibilizar el racismo estructural.

La foto de la niña quemada por napalm realizada por Nick Ut durante la Guerra de Vietnam conmocionó al mundo. Se considera una de las imágenes más influyentes del siglo XX. Alimentó el rechazo a la guerra y se convirtió en símbolo del conflicto.

El famoso retrato Afghan Girl, de Steve McCurry, humanizó la situación de refugiados afganos, mostró el poder del retrato para conectar culturas y generó conciencia internacional.

Durante la última dictadura en Argentina, las fotografías de marchas y desapariciones fueron clave. Las Madres de Plaza de Mayo, construyeron memoria y denuncia y ayudaron a sostener reclamos de verdad y justicia. Las imágenes siguen siendo centrales en la memoria colectiva.

Photovoice

En 1997, Carolina Wang y Mary Ann Burris crearon el método photovoice, donde las personas fotografían su realidad para analizar problemas sociales y promover cambios. El objetivo de este método es documentar fortalezas y problemas comunitarios, generar diálogo crítico mediante fotografías e influir en las políticas públicas.

(Photovoice: Concept, Methodology, and Use for Participatory Needs Assessment” (1997)). 

Más tarde, Camille Sutton-Brown, analiza cómo implementar proyectos de photovoice y muestra su aplicación en educación, proyectos de género y desarrollo comunitario con un método que combina fotografía, diálogo crítico y conocimiento experiencial (Photovoice: A Methodological Guide. Camille Sutton-Brown).

El uso de este método ha permitido que los participantes expresen cómo experimentan su entorno social y físico (Photovoice as a Method for Revealing Community Perceptions of the Built Environment. Nykiforuk, Vallianatos, Nieuwendyk) o dar voz a comunidades que normalmente no participan en la planificación urbana (Picture This: Exploring Photovoice as a Method to Understand Lived Experiences in Marginal Neighbourhoods). 

También es útil para facilitar la comunicación cuando existen barreras lingüísticas o culturales entre investigadores y comunidad (Photovoice in Community-Based Participatory Research) y para identificar problemas (Photovoice in Health Systems Research). Además, este sistema puede utilizarse para empoderar a determinados miembros de la comunidad en temas tan importantes como la salud pública (Empowering Maasai Women Behind the Camera).

La fotografía es una herramienta para fomentar la participación y la inclusión social en barrios vulnerables. La participación comunitaria mejora la cohesión social y la calidad de vida en contextos desfavorecidos, usando la fotografía como herramienta de investigación y acción social (“Participación comunitaria en barrios desfavorecidos: una investigación participativa mediante photovoice” – Espadas-Alcázar y Amezcua (2024))

Las fotografías producidas durante talleres comunitarios pueden ser útiles en investigación social. las imágenes no deben ser solo ilustración, sino un elemento central de análisis e intervención en las ciencias sociales. (Hacer (lo) visible: la imagen fotográfica en la investigación social” – Revista Reflexiones (2015))

La fotografía puede actuar como dispositivo para reconstruir identidad, memoria colectiva y relaciones sociales (“La fotografía como instrumento identitario para el trabajo social” – Sandra Rojas Cáceres (2024))

Las imágenes permiten reconstruir tejido social y producir narrativas propias de la comunidad, además de sensibilizar a públicos externos. (“La fotografía como intermediaria en un proyecto artístico-educativo con mujeres saharauis” – Revista Educare (2016))

En adolescentes, la fotografía permite expresar su realidad social y generar discursos propios, integrando imagen, tecnología y participación social “La fotografía participativa en el contexto socioeducativo con adolescentes” – Ángel V. Rabadán (2014).

Algunos ejemplos de proyectos de fotografía comunitaria son PhotoVoice Worldwide, Kids with cameras, Favela Photography Project o Inside Out Project.

3. Objetivos

Objetivo general

Explorar y comunicar las experiencias, problemáticas y valores de la población local a través de la fotografía participativa.

Objetivos específicos

  • Documentar el paisaje y su relación con la vida rural
  • Identificar problemáticas (despoblación, acceso a servicios, aislamiento)
  • Rescatar saberes tradicionales
  • Promover el diálogo intergeneracional
  • Difundir las voces locales a instituciones y público general

4. Participantes

  • Habitantes de diferentes edades (jóvenes, adultos y mayores)
  • Asociaciones locales y culturales
  • Centros educativos rurales
  • Mujeres rurales y agricultores

5. Metodología

El proyecto se desarrollará en varias fases:

Fase 1: Formación

  • Taller introductorio sobre Photovoice
  • Formación básica en fotografía (uso de móviles o cámaras)
  • Ética y consentimiento

Ej: Taller de fotografía con el celular (Contraseña Yacuy 2026)

Fase 2: Producción fotográfica

Los participantes responderán a preguntas guía como:

  • ¿Qué significa vivir en las Arribes del Duero?
  • ¿Qué te preocupa de tu entorno?
  • ¿Qué te hace sentir orgulloso/a de tu tierra?

Cada participante tomará entre 5 y 10 fotografías.

Fase 3: Narrativa

  • Selección de imágenes
  • Redacción de historias asociadas
  • Uso de método SHOWED:
    • S – What do you See here?
    • H – What is really Happening?
    • O – How does this relate to Our lives?
    • W – Why does this problem exist?
    • E – How can we become Empowered?
    • D – What can we Do about it?
  • Las imágenes funcionan como disparadores de reflexión social.

Fase 4: Análisis colectivo

  • Reuniones grupales
  • Identificación de temas comunes (agua, aislamiento, patrimonio, naturaleza, migración)

Fase 5: Difusión

  • Exposición local itinerante
  • Publicación digital
  • Presentación a autoridades locales

6. Resultados esperados

  • Archivo visual comunitario
  • Mayor conciencia social sobre la realidad rural
  • Empoderamiento de los participantes
  • Propuestas concretas de mejora para el territorio

7. Productos finales

  • Exposición fotográfica (en pueblos de la comarca)
  • Catálogo digital o físico
  • Video documental breve
  • Informe para instituciones

8. Cronograma (ejemplo 6 meses)

MesActividad
1Diseño y convocatoria
2Talleres de formación
3-4Producción fotográfica
5Análisis y narrativa
6Exposición y difusión

9. Evaluación

  • Participación y compromiso
  • Calidad narrativa (no técnica)
  • Impacto en la comunidad
  • Alcance de la difusión

10. Posibles aliados

  • Ayuntamientos locales
  • Centros educativos
  • Asociaciones rurales
  • Universidades
  • ONGs de desarrollo rural

“Miradas del territorio: vida, memoria y futuro en las Arribes del Duero”

1. Contexto

La comarca de las Arribes del Duero, situada entre Salamanca y Zamora, y en frontera con Portugal, es un territorio marcado por su paisaje de cañones, su biodiversidad y una fuerte identidad rural. Sin embargo, enfrenta desafíos como la despoblación, el envejecimiento y la pérdida de tradiciones.

2. Justificación.

El Photovoice permite que los habitantes documenten su realidad mediante fotografías y narrativas propias, dando voz a comunidades frecuentemente invisibilizadas. En este contexto, el proyecto busca:

  • Visibilizar la vida cotidiana en las Arribes
  • Reflexionar sobre cambios sociales y ambientales
  • Fortalecer la identidad territorial
  • Influir en políticas locales de desarrollo rural

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