Brasil y un mandala llamado suramérica

Es imposible separar Brasil del Amazonas. Solo puedo pensar en verde para colorear esta parte del mandala. El verde en todas sus tonalidades. Verde claro, verde oscuro, verde selva. Pero no solo de verde vive el Brasil. Utilizaré también un poco de azul para recordar las playas de Río y las lagunas de Lençois. Y rojo. Rojo para colorear Salvador. Rojo para honrar a Yansá y a los orishas. Candomblé, Orishas y carnaval. Azulejos, ascensores y saudade. Salvador de Bahía. Mi ciudad favorita en Brasil. Un pedacito de África en Sudamérica. Una Lisboa de Ultramar. Música y color. Decadencia y abandono. Una mezcla imposible que por alquimia resulta en oro.

Aterrizó en Brasil directamente desde Bolivia. Como podéis imaginar, el contraste es bastante grande. Además, después de viajar sola durante bastante tiempo, aquí me encuentro con Anto. Cambio de chip. No me malinterpretéis, me encanta viajar con amigos. Pero algunas cosas cambian con respecto a viajar sola. La fotografía pierde un poco de protagonismo, me da mucho menos tiempo a escribir y recoger cosas que contaros, los horarios ya no dependen solo de mí. Por otro lado aumentan las risas, las visitas a cervecerías o fiestas y los puntos de vista. Viajar con amigos siempre suma.

Brasil y un mandala llamado Suramérica
Brasil y un mandala llamado Suramérica

Las dunas de Lençois

Publicado originalmente en Los viajes de Etheria: Lençois Marhenses en julio de 2025

Lençois Maranhenses. Perderse entre las dunas. Disfrutar de la inmensidad. Nadar en las aguas cristalinas. Disfrutar del momento. Descubrir el mundo. Compartir el mundo.

Me encanta viajar sola. Pero también disfruto mucho viajando con amigos. Compartir confidencias, risas y lugares. También mola mucho tener alguien que te haga las fotos. De vez en cuando también me gusta salir en ellas. Gracias Anto.

Este parque natural consiguió sorprenderme. Siempre me ha llamado la atención la inmensidad de los desiertos. Pero esta vez era distinto, las lagunas entre las dunas forman un paisaje diferente a cualquiera que haya visto antes. Geometría y texturas. Luces y sombras. Poesía escrita por el viento. Versos entre dunas y lagunas.

Lençois Marhenses
Lençois Marhenses

Historias del Amazonas

Publicado originalmente en Los viajes de Etheria: Historias del Amazonas en junio de 2025

Historias del Amazonas. 7 días y 1700 kilómetros de navegación por el río Amazonas, desde Manaos hasta Tabatinga. Un sueño cumplido. Nuevas vidas cruzadas, nuevos amigos y muchas historias que contar.

Los paisajes del Amazonas son espectaculares. Los atardeceres, de película. Pero, una vez más, me reafirmo en que lo mejor de los viajes nunca es el lugar que visitas sino la gente que te acompaña en el camino. Nuevas historias. Nuevas experiencias y nuevas aventuras. Vidas cruzadas.

¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? ¿Qué haces aquí? Preguntas básicas, preguntas típicas, preguntas tópicas. El Esmeralda se convierte en nuestra casa. 7 días de navegación. Muchas horas compartidas. Las preguntas y las historias cambian. La confianza aparece rápido. Podemos hablar de todo y de nada a la vez. Vidas muy diferentes y semejantes al mismo tiempo. Un barco. Mil historias. Muchas vidas cruzadas.

Historias del Amazonas
Historias del Amazonas

Alex y Dyson

Llego pronto al barco y no tengo nada para comer. Las comidas están incluidas pero se inician en la cena. Error de novata. Hay una lanchoneta en la popa y me dirijo hacia allí para comprar un sándwich. -Si no tienes cambio no te lo vendo.–Pues a ver cómo hacemos– Alex llega al rescate, dale el cambio más tarde. –Gracias –Es mi décimo barco. Ya les he pillado el truco–. Alex es colombiano y lleva 3 meses recorriendo el Amazonas. Desde Leticia llegó hasta la Guyana francesa y ya se encuentra de vuelta a su país. –Necesitaba un tiempo de desconexión. De tranquilidad. Ha sido genial–.

Mientras hablamos, cruza un gran ave. “Es un gavilán”, nos dice Dyson. Dyson es de Tabatinga, pero estudió en Leticia. En esta triple frontera amazónica todos hablan portugués y español. Leticia, Tabatinga y Santa Rosa. Colombia, Brasil y Perú. Tres ciudades y tres países distintos separados por apenas un kilómetro. Me cuenta que vuelve desde Manaos para visitar a su familia después de haber estado trabajando unos meses en la hacienda de su tía. Que bueno encontrarse con hispanoparlantes. Que fácil entablar conversación en un lugar tan reducido. 

Cielos del Amazonas

Se acerca la noche. El cielo comienza a cambiar de color. Las nubes parecen dibujadas por la paleta de un pintor. El naranja y el rojo se entremezclan como las llamas de una hoguera. El primer atardecer que nos regala el río no puede ser más increíble. Solo podemos disfrutarlo. Me acerco a la proa. Atardecer de película, el barco surcando el río y el aire moviendo mis cabellos. Libertad. Magia.

Al desaparecer el sol, las estrellas ocupan el cielo. Uno de esos cielos que solo puedes disfrutar en el medio de la naturaleza, en la oscuridad más absoluta. Levanto la vista. La cruz del Sur. Y al otro lado.. una osa Mayor cabeza abajo. Es la primera vez que veo estas dos constelaciones al mismo tiempo. La primera vez que navego en la línea del Ecuador. Es la primera vez que me encuentro en la mitad del planeta. ¡Wow!

Zane y Nicole

Mientras cae el sol, se acercan Zane y su hija Nicole. Son de Manaos y solo hablan portugués. Practicamos nuestro mejor portuñol para mantener una conversación y Dyson nos hace de traductor cuando las palabras se complican. Nicole tiene 15 años y ha pedido este viaje para ir a conocer sus orígenes. Sus abuelos paternos nacieron en Santo Antonio. Quiere conocer este lugar a orillas del Río más caudaloso del mundo. Le acompañan sus padres y su hermano Italo. Un viaje familiar hacia los orígenes. Un viaje familiar compartiendo tiempo y vivencias. Me encanta

Se quedan en Santo Antonio. –Después de tanto tiempo esperando, al fin llegué– me dice Nicole. Me da un gran abrazo al bajar del barco. Un gusto coincidir. –¡Patri! ¡Aquí arriba!– Una última despedida desde el balcón de su apartamento. Hasta la vista familia. 

Marita y Ray

Marita, una puertorriqueña nacida en Valencia. Una psicopedagoga en búsqueda que ha encontrado su lugar entre las comunidades indígenas del Río Amazonas. Rai, desde el alto río Solimões ha recorrido su país de extremo a extremo ayudando a las comunidades indígenas. A sus 74 años, sigue recorriendo su querido Amazonas. Ambas forman parte de un equipo itinerante con participantes de distintas asociaciones no gubernamentales y sede en Manaos. Recorren las comunidades indígenas amazónicas de la triple frontera y recogen las necesidades de cada lugar para buscar soluciones plausibles. Bravo. Un regalo compartir capítulos del libro de nuestras vidas.

La primera vez que me fijo en Marita, la veo trabajando con el ordenador en su hamaca. Me dirijo a ella en la fila de la comida. Me contesta en español. La conexión es instantánea. Comemos juntas y hablamos de todo. Las conversaciones en los siguientes días escalan en profundidad. La noche en la que volvimos a ser gente. Una vida muy pero muy interesante. Un lujo compartir. Seguiremos en contacto.

Lena y Robert

Mientras estoy haciendo algunas fotos, se me acerca Robert: ¿eres periodista? Ojalá. Bloguera entonces. Bueno. Lo intento… Él si es periodista. Actualmente jubilado, fue uno de los principales periodistas radiofónicos de Manaos. Quería hacer este viaje desde hace años. ”Lo hice a los 5 años con mi abuela y tengo muy buenos recuerdos. Quería repetirlo de nuevo.” De Manaos a Santo Antonio viajando en rede. –¿De Salamanca? Eso sale en una canción de Nelson Gonçalves– me cuenta mientras me presenta a Lena, su vecina de hamaca. Lena es una profesora de Amaturá que realiza este viaje en varias ocasiones al año para ir hasta la capital. Es la veterana. La experta en estos lares.

Cielos del Amazonas

Hoy ha habido tormenta y las nubes surcan el cielo. Aún así, el atardecer se cuela por el poco espacio que le queda libre. Poco a poco, todos nos acercamos a la proa para disfrutar del cielo. Reis está desplazado a Manaos por 2 años. Lleva 7 meses sin ver a su familia y le manda vídeos de este viaje hasta Tabatinga para llevar un par de coches de servicio. Llegan también Lena y Youri. –Es un submarino, un helicóptero. Quizá un tiburón–. Jugamos a buscar las formas de la silueta. Disfrutamos de la tranquilidad y la magia de la caída del sol. Surcamos el río apoyados en la barandilla. Fan incondicional de estos momentos para el recuerdo.

Cielos del Amazonas
Cielos del Amazonas

Navegamos por un brazo del Río, un atajo estrecho. Me quedo disfrutando de la tranquilidad de la proa. Suena la sonda. Hay 4 metros de profundidad y el barco tiene 2.5 de calado. Bien. Las linternas de la tripu alumbran a los árboles. La luz está muy alta, no puede ser para ver los obstáculos. “Piratas”, me dice Zane. –Buscan piratas– ¿Piratas? –Aquí hay mucho contrabando. Pero, tranquila. No suelen atacar barcos de pasajeros y menos con los 2 carros militares que llevamos de carga–. ¡Ah mira! Bien está saberlo.

Ozias y Youri

Ozias es el vecino de hamaca de Marita y Rai. Entre los 3 se reparten el horario de las comidas para no dejar nunca solas sus pertenencias. Hablamos durante la comida y me cuenta que vuelve de renovar su titulo de seguridad privada con un curso en Manaos. En Tabatinga le espera su familia y su mototaxi. 

Youri llega cuando el viaje ya ha comenzado. Sube al barco en Curubarú. Decidió hacer el viaje en 2 fases. Con parada en Tefé. Toda una aventura conseguir encontrar un nuevo barco desde allí. Su mochila y sus rastas le revelan como turista. Al igual que yo, no lo puede negar. Es francés pero habla perfectamente inglés así que nos ponemos al día con respecto a nuestros viajes y trabajos. Logística en varias ONGs ha pasado por Ucrania y distintos países africanos. No se nos acaban los temas de conversación. Bajamos a conocer los pequeños pueblecitos en los que el barco para a descargar su mercancía. Es el momento perfecto para tomar una cerveza y estirar las piernas. Se convierte en el perfecto compañero de viaje.

Comunidades indígenas

Desde el barco, observamos numerosos asentamientos y comunidades. Algunas de ellas son comunidades indígenas y otras se encuentran más escondidas en la maleza. Desde las casas, varias personas observan el pasar de los barcos. Decenas de pequeñas embarcaciones echan y recogen sus redes. El río es el eje de la vida. La vida pasa a la orilla del Río.

En la mayoría de las ocasiones, los barcos son el único medio para que las provisiones lleguen a estos pueblos y localidades. Páramos durante varias horas en Tomatins, Santo Antonio o San Pablo para dejar mercancías. En los pueblos más pequeños no hay parada. Las pequeñas lanchas locales se acercan para llevarse sus víveres.

Al pasar por una de las comunidades, cerca de Curubaru, todos los niños salen con sus canoas hacia el barco. Los veo desde el comedor. No tengo la cámara encima. Me cuentan que se han acostumbrado a que la gente del barco les lance cajas de chucherías, ropa o juguetes. Esperan su llegada con ansia. Se tiran al agua para recuperar lo que no cae dentro de sus embarcaciones. Juegan y ríen. Sensaciones contradictorias.

Desde el barco no puedo tener contacto con las comunidades. Al llegar a Leticia, Ryan me habla de su proyecto en la comunidad de La Chorrera con Amazonas para viajeros. Queda apuntado para la próxima visita.

Ayahuasca, botos y amazonas

Flavio viene desde Curitiba y nos habla de las bondades de la Ayahuasca cuando se usa en ceremonias religiosas o de meditación. –Hay que encontrar un sitio de confianza y tomarlo como un ritual de limpieza. Yo lo hago una vez al año desde hace siete– nos cuenta. –Me siento mejor, pero nunca lo he tomado como una droga recreativa. Hay que respetarla–. Nunca esperamos desayunar con esta conversación. 

También llegan las leyendas del Río. Los delfines rosas o botos. “Los responsables de muchos embarazos no deseados en las comunidades”. Aparecen al amanecer y al atardecer. Acompañan al barco. Se esconden. Saltan en su proa.

Una leyenda fue el origen del nombre del río Amazonas. Ucayali, Solimões, Marañón, Apurímac. El río fue conocido con distintos nombres por diferentes tribus y exploradores. La leyenda de las amazonas, Una sociedad matriarcal de mujeres guerreras famosas por su valentía y habilidades en la guerra, inspiró a Francisco de Orellana para otorgar este nombre al río despiués de navegar hasta su desembocadura en el océano.

La del Pirata Cojo

Publicado originalmente en Los viajes de Etheria: La del Pirata Cojo en junio de 2025

La del pirata cojo. Una de las canciones de mi infancia. Aún así, hubiera preferido que no fuera la banda sonora para el cierre de mi viaje por el Amazonas. La del pirata cojo, con pata de palo. De esta inesperada forma acabé la navegación en Tabatinga. Esta es otra de esas historias del Amazonas.

Un accidente “de la forma más tonta”. Como siempre. Las lesiones llegan de la forma más inesperada. Un resbalón. Un tope que me frena el pie. Una fractura-luxación de tobillo. 

“Este post no lo tienen todos los blogs” o “Tú quieres tener las aventuras más impresionantes para contar en el futuro”, bromean mis amigos. Preferiría no tener que escribir estas líneas, pero ahí van. 

No soy un fulano de lágrima fácil

No soy un fulano con la lágrima fácil de esos que se quejan sólo por vicio. Pero reconozco que sí se me saltaron algunas lágrimas al ver la lesión. Necesito un médico. Estoy sola y en mitad de la nada. ¿Cuál es el alcance de la lesión? ¿Qué va a pasar ahora?

En realidad no estaba sola. Gracias Youri. Gracias por acompañarme en este momento de caos. Por mantener la calma. Por comprender la situación y sostener mi mano. Gracias por esa paz y esa empatía viajera. Ser viajero. Ponerse en la piel del otro. Ayudar en lo que se pueda. Habíamos compartido buenos ratos, muchas historias y bastantes cervezas durante el viaje. Creo que este momento acabó de sellar nuestra amistad. Merci Beaucoup Youri. 

La lesión

Después de caer y ver el alcance de la lesión, solicito llamen a un médico. Llegan pronto los bomberos y me trasladan a la UPA de Tabatinga. La Unidad de Pronta Atención. Aquí me valora un primer médico quien me deriva al hospital militar para realizar las pruebas de imagen. Después llega Lucas, el traumatólogo quien me comenta la existencia de fractura-luxación y realiza una reducción.

En la espera de la siguiente imagen, contacto con el seguro. ¿Cuáles son los siguientes pasos a seguir? Gracias Cris y Alberto por acompañarme y aconsejarme con las siguientes decisiones. Gracias también a Juan por valorar las imágenes en la distancia y pautar los pasos a seguir. En estos momentos siempre viene bien hablar con alguien que mantenga la calma y tenga más claridad mental.

El siguiente paso a tomar es viajar de Tabatinga a Leticia y, desde allí, volar a Bogotá. Alison me había pasado el teléfono de un amigo en Leticia y no dudo en escribirle. Gracias Ryan. Hubiera preferido conocernos en una mejor situación. Gracias una vez más por tu empatía y ayuda. Gracias por ayudarme en las gestiones y traslado al aeropuerto. “Creo que los viajeros somos así”, dices en un momento. Si. Gracias por ser viajero, por la empatía y la compañía. En la charla descubro tus proyectos en las comunidades indígenas. Amazonas para viajeros. Esta vez no será posible visitarlos. Volveré a Leticia.

La espera

Lo peor en estas situaciones siempre es la espera. Aunque lograr llegar a España en 48h tras la lesión es casi un tiempo récord, siempre se hace largo.

Gracias a todo el personal de la clínica del Country por ayudarme en todo momento. Guardando mis mochilas en la zona de seguridad, dejándome utilizar sus sillones para la espera o recogiendo mis pedidos de Rappi. ¿Pedidos de Rappi? Rappi es una aplicación similar a Glovo y fue el recurso que se me ocurrió para conseguir las muletas y la medicación necesaria para el vuelo.

La llegada

Gracias a toda mi familia y amigos por el apoyo y los ánimos. Perdón por el susto. 

Gracias también a todo el equipo de urgencias y traumatología en el Hospital Universitario de Salamanca. Operación exitosa. Una placa, 5 tornillos y 2 arpones. “Un poquito de metal en mis venas”.

No era la mejor forma de volver pero ya estoy en casa. Ahora solo queda esperar la recuperación y “dejarse mimar”. Me lo habéis repetido muchos. Alguno incluso en mayúsculas y negrita. Os haré caso. Prometido.

Pero si me dan a elegir…

Si me hubieran dado a elegir, de entre todas las vidas, aquí le hubiera llevado la contra a Sabina. No quiero la vida del pirata cojo. Con un poco de imaginación partiré de viaje enseguida, a vivir otras vidas, a probarme otros nombres. A colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré.

Aquí prefiero acabar con esta frase de Pepe Mujica que me recuerda Nahuel esta mañana. Gracias una vez más a todos por el apoyo. Volveré con más ganas. “Triunfar no es llegar. Triunfar es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae”.

Historias del Amazonas
Historias del Amazonas

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