Un mandala llamado Suramérica

Viajar, contar, viajar. Está frase de Leila Guerriero lleva dando vueltas en mi cabeza desde que su Zona de obras cayó en mis manos hace un par de años. Viajar es fácil. Contarlo, no tanto. No soy periodista ni fotógrafa de formación. Escribo y hago fotos para ordenar mis pensamientos. Hago fotos y escribo para tratar de comprender mejor el mundo que me rodea. ¿Por qué no escribir también para contarle a los demás lo que por aquí acontece? Al fin y al cabo, tampoco siguieron caminos convencionales figuras como Vivian Maier, Nellie Bly o la propia Leila.

Volver para contarlo. Contarlo para no olvidar.

En los últimos años he tenido la suerte de recorrer varios países del mundo. Viajar, encontrar rincones mágicos, perderme por lugares de ensueño… pero, sobre todo, descubrir nuevas culturas y conocer a sus gentes. Las personas son las que hacen el viaje. Los pequeños detalles. Los encuentros y los momentos compartidos.

Esos momentos compartidos me empujaron a escribir estas crónicas sobre Suramérica. Quizá el lugar donde más feliz he sido viajando durante toda mi vida. Decenas de historias por contar. No encontrarás en estas líneas grandes descripciones de los maravillosos paisajes de este continente, para eso están los posts del blog. Aquí hallarás pequeños retales de mis aventuras por el cono sur. Una mirada subjetiva y sesgada. Mi humilde opinión.

Me encanta la descripción de Kapuscinsky sobre el continente africano. “Todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria.” Y si África es un océano, ¿como definir Suramérica? No voy a usar el manido “crisol de culturas”. Para mí Suramérica es un Mandala. Cientos de figuras geométricas. Miles de colores. Geometría y colores que se entremezclan entre sí para formar un todo. Cada pequeño lugar con su idiosincrasia y tradiciones. Todos ellos conectados por líneas invisibles. Millones de piezas que forman un mosaico casi perfecto.

Pero no pienses en el típico mandala tibetano. No me refiero a esa imagen simbólica y espiritual que ayuda a la meditación. América del sur es universo mandala lleno de fuerza y movimiento, un mandala andino. Los mandalas andinos no son mapas, son formas de mirar el mundo. No organizan el espacio, sino las relaciones. No son estáticos. Sugieren movimiento, viaje y transformación. Así en el viaje cada uno armaremos nuestro propio mandala. Un mandala de experiencias, encuentros y paisajes.

Movimiento y evolución. Aprendizaje y crecimiento.

Multicolor y geométrica es también la Whipala. El símbolo de las comunidades originarias. Un símbolo de identidad cultural, resistencia y unidad. Un mapa sin fronteras, un tejido de pueblos. La representación del equilibrio entre diferencias.

Argentinos, chilenos y uruguayos; paraguayos, bolivianos y brasileños; peruanos, colombianos y venezolanos; ecuatorianos, guyaneses y surinameses. Guaraníes, wichís y chorotes; chanés, chulupís y tobas; Tapietes, pilagas y mocovís; mapuches, tehuelches y yamanas; quechuas, aymaras y arawak; collas y diaguitas; patagones y charrúas… cientos de pueblos y a la vez uno solo.

Me quedan muchos lugares por visitar y muchos rincones que conocer pero, de a poquito, voy coloreando este enorme mandala que es América del Sur. En los próximos capítulos te cuento que colores tienen los países en mi mandala particular. ¿Coinciden con los tuyos?

Índice

Un mandala llamado suramérica
Un mandala llamado Suramérica

Post fotográficos

Mi mirada sobre Suramérica no estaría completa sino os muestro también algunas de las fotografías que fui tomando durante mis viajes. Os dejo por aquí los enlaces a las crónicas más visuales. Una vez más, mi forma de interpretar el mundo, un recorrido subjetivo por este enorme mandala llamado Suramérica.

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