Valles Calchaquíes

Dicen que cuando se encuentran muchos cardones juntos es porque marcan la existencia de un antigal. Me gusta pensar en estos majestuosos gigantes como los guardianes de la historia de los Valles Calchaquíes. Testigos silenciosos de las antiguas luchas. Una historia de lucha y resistencia que aún se palpa en el espíritu de sus habitantes.

Valles calchaquíes
Valles calchaquíes

Seguramente todos relacionéis los Valles Calchaquíes con Cachi y Cafayate. Es cierto que son dos lugares que no debéis dejar de visitar. Pero los valles son mucho más. Su esencia se esconde en esos rincones más perdidos de los mapas. Recorrer los valles significa perderse por caminos que apenas merecen ese nombre, atravesar ríos a lomos de un poderoso golf, y acabar cubiertos de polvo.

Visitar un lugar junto a alguien local siempre es un lujo. Si ese alguien local es tu amigo, es un espectáculo. Pero si, además, ese alguien tiene la sensibilidad y la paciencia de un fotógrafo documental, aparece la magia. No puedo más que agradecerle a Nico que me mostrara un pedacito de este su lugar en el mundo.

Recorriendo los Valles Calchaquíes junto a Nico
Recorriendo los Valles Calchaquíes junto a Nico

Con los 5 sentidos

Levantarse bajo la sombra de las nueve cumbres del Nevado de Cachi es impresionante, pero los valles calchaquíes no solo se disfrutan con la vista. Debes mantener los 5 sentidos alerta para no perderte nada: el olor de miles de pimientos secando al sol, el tacto de sus ponchos, tapices y alfombras, el sabor de sus vinos de altura y el sonido de las coplas que entonan sus habitantes. Los valles se saborean, se huelen, se escuchan y se sienten.

Vino y pimentón, cabrito y ponchos. Coplas, muchas coplas. Los vallistas han sabido adaptarse a la dureza de esta tierra desde tiempos ancestrales. Solo hay que fijarse en los surcos que recorren sus manos y sus rostros para comprender que la vida aquí no es fácil. Los paisajes son espectaculares, pero, sin duda, el mayor tesoro de los valles se encuentra en sus gentes.

Eufrosina, historia viva de los Valles Calchaquíes
Eufrosina, historia viva de los Valles Calchaquíes

Índice

La resistencia de los Valles Calchaquíes

Los valles Calchaquíes forman un sistema de valles y montañas del noroeste de Argentina que por 520 km se extienden por el norte desde La Poma (Salta) hasta Punta de Balasto (Catamarca) al sur, y por el oeste desde las sierras de Quilmes o del Cajón y hasta la cadena montañosa de San Francisco y sierras del Aconquija en el este.

Mucho antes de la llegada española, estos valles estaban habitados por pueblos originarios como los Diaguitas, los Incas y los Cacanas que desarrollaron agricultura en terrazas, sistemas de riego y asentamientos organizados.

Durante más de un siglo, los pueblos del área de los Valles Calchaquíes defendieron su territorio, su cultura y su forma de vida frente al avance colonial. Las guerras Calchaquíes fueron una de las historias de resistencia más intensas y prolongadas del actual territorio argentino.

¿Cómo llegar y moverse por los valles?

Los Valles Calchaquíes. Siglos de historia custodiados por gigantes. Para alcanzar su corazón tendrás que recorrer la sinuosa Cuesta del Obispo, atravesar el Abra de Acai o circular por el camino de ripio en el que se convierte la ruta 40 en esta parte de Argentina. Parafraseando a la grandísima Mercedes Sosa: “tarda en llegar. Pero, al final, hay recompensa”.

La mejor forma de moverse en los valles es en coche propio. Y, aunque el golf de Nico se la banca por estas rutas dejadas de la mano de Dios (y del gobierno), mi recomendación es hacer el recorrido en camioneta 4×4.

Recorriendo los Valles Calchaquíes
Recorriendo los Valles Calchaquíes

Si tu opción es llegar a los valles en transporte público, lo mejor es viajar desde Salta a Cachi en remis compartido. Te dejo toda la información en este post sobre Cachi.

Antes de ir, recuerda también que vas a viajar hacia la puna. Aunque la altitud máxima no es exagerada (3457m en piedra del Molino, en lo alto de la cuesta del Obispo), te recomiendo leer mi post “Trekking y montañismo” para prevenir el mal de altura.

La ruta 40

La ruta 40 atraviesa los valles de sur a norte, como si de una espina dorsal se tratara. No puedo comprimir los 5224km de esta mítica carretera argentina aquí. Os hablo de ellos en el post dedicado íntegramente a la ruta 40. Pero sí quiero dejaros por aquí algunos de los lugares que podéis visitar en su recorrido por los Valles Calchaquíes. Os recomiendo las poblaciones de La Poma, Payogasta, Cachi, Seclantás, Cafayate y algunas paradas intermedias como la Quebrada de las Flechas, La Palla o Cachi adentro.

La ruta 40 atravesando los Valles Calchaquíes
La ruta 40 atravesando los Valles Calchaquíes

En esta zona, la ruta nacional se convierte en un estrecho camino de ripio por el que hay que circular despacio. Para recorrer los 300km que separan La Poma de Santa María (en Catamarca) necesitarás alrededor de 7h de conducción. 5 horas tardarás en llegar desde Cachi hasta Cafayate, y no podrás llegar en transporte público, los colectivos solo llegan hasta Molinos.

Asegúrate de llenar el depósito de combustible en Cafayate o Cachi ya que no encontrarás estaciones de servicio en el resto de la ruta. Además, la conducción puede complicarse en época de lluvias ya que la ruta atraviesa cauces de ríos que están secos en otras épocas del año.

La Poma

No pude llegar hasta la Poma. Me faltaron días para recorrer el valle. Pero todo el mundo me recomendó esta visita. Queda pendiente para la próxima. La Poma se encuentra a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. Aquí el valle se estrecha, las montañas se elevan y el clima se vuelve más duro. Con el Abra de Acai marcando el horizonte, La Poma se convierte en el límite entre el valle y la puna, entre lo habitado y lo remoto.

Uno de los hechos más recordados es el terremoto de 1930, que destruyó gran parte del antiguo asentamiento. A raíz de eso, el pueblo fue reconstruido en su ubicación actual. Aún hoy se pueden ver restos del antiguo pueblo, conocidos como “La Poma Vieja”, que le dan al lugar un aire de memoria suspendida.

La Paya y sus piedras moradas

De nuevo un cardonal marca un lugar con mucha historia. No hay ningún letrero que nos diga donde estamos. Otro de esos tesoros que descubro gracias al profundo conocimiento sobre los valles de Nico. –¿Has visto las piedras moradas en las paredes De la Iglesia?– me dice mientras circulamos hacia Seclantás. –A la vuelta paramos. Hay una zona con restos arqueológicos incas más arriba y usaron parte de sus piedras para construir la iglesia–.

Nico entre los cardones de La Paya
Nico entre los cardones de La Paya

Lo prometido es deuda y nos detenemos en este lugar durante el camino de vuelta. Una vez más, nada marca que camino hemos detenemos seguir. Damos un par de vueltas entre los cardones hasta encontrar los restos arqueólogicos. Paredes que recuerdan antiguas construcciones. Piedras moradas. Silos y depósitos con sus escalones. Retales del pasado.

Restos incas en La Paya
Restos incas en La Paya

La Quebrada de las Flechas

Las formaciones rocosas inclinadas que dan nombre a esta quebrada se encuentran entre Angastaco y San Carlos, unos 70 km al norte de Cafayate.

Cachi

El pueblo de Cachi es el lugar perfecto para hacer base en un recorrido por los valles calchaquíes. Su tranquilidad te invita a vivir despacio, a disfrutar de los sabores del Valle, a dejar el teléfono y el reloj guardados en un rincón. En el post “de Salta a Cachi” os dejo mis recomendaciones para comer, beber y dormir en Cachi. También algunos lugares que no debes perderte en la capital cacheña.

De Salta a Cachi
De Salta a Cachi

Cachi adentro y las Pailas

Cachi Adentro

El primer día en los Valles Nico propone una excursión al campo. “Vayamos a Cachi Adentro, damos un paseo por allí y así visitamos a Eufrosina”. Perfecto. Me fío completamente de sus recomendaciones.

Cachi Adentro
Cachi Adentro

Tomamos el camino que lleva hacia las Pailas y, antes de llegar, giramos a la derecha en el desvío a Cachi Adentro. Desde allí Nico gira en varias ocasiones. No sé como puede acordarse de que camino tomar. Llega un momento en el que ya no sé dónde estoy. “Está es la zona productiva de Cachi, donde se encuentra la mayor parte de la producción agrícola del lugar” me cuenta mientras maneja tomando desvíos sin nombre ni dirección.

Secado de pimientos en Cachi Adentro
Secado de pimientos en Cachi Adentro

Seguimos avanzando y el camino empieza a empeorar así que dejamos el coche junto a una de las pocas construcciones del lugar y continuamos a pie. La pequeña casita en la que aparcamos se encuentra en la zona de las Pailas y está decorada con murales y palabras sobre los diaguitas. Junto a ella se hallan dos grandes hornos de barro. Es el lugar elegido para celebrar el Carnaval.

Hornos de barro en la zona de las Pailas
Hornos de barro en la zona de las Pailas

Caminamos entre cardones y cerros para llegar al río. El lugar perfecto para disfrutar de la tranquilidad del lugar con un buen mate. Con el mate en la mano y el Nevado de fondo, no puedo menos que trasladarme a aquel día a los pies del Aconcagua. Distintos gigantes, distintos lugares y un mismo sentimiento. Vivir el momento. Vivir el aquí y el ahora. Sentir la magia.

Valles Calchaquíes
Valles Calchaquíes

Eufrosina

Después de una comida espectacular en la bodega Puna, nos dirigimos a casa de Eufrosina. Ya os hablé de ella en la crónica “Coplas de Payogasta”. Memoria viva del lugar.

Eufrosina
Eufrosina

Las Pailas

Las Pailas fue un asentamiento prehispánico vinculado a los pueblos Diaguitas. A diferencia de grandes ciudades fortificadas, aquí se observa un uso del territorio más disperso y profundamente adaptado al entorno. Se conservan restos de viviendas de piedra, estructuras agrícolas y canales de riego que se integran con el paisaje gobernado por cerros y cardones.

Atardecer en Las Pailas
Atardecer en Las Pailas

Para recorrer el lugar, deberás contratar un guía en el pueblo de Cachi. Si tienes oportunidad, acude a las explicaciones de Hilda Corimayo. Como os conté en Coplas de Payogasta, sus conocimientos sobre el lugar se mezclan con sus profundo sentimiento de arraigo a esta tierra.

Hilda Corimayo
Hilda Corimayo

El Algarrobal

En esta ocasión no pudimos llegar hasta esta zona del Valle. En los últimos tiempos este oasis de algarrobos blancos y negros en un terreno desértico y dominado por los cardones, se ha convertido en una zona perfecta para la acampada. Pero es también un espacio cultural. Allí se recolecta, se comparte y se transmite conocimiento. La recolección de las vainas, por ejemplo, no es solo una actividad económica, sino una práctica comunitaria que conecta generaciones.

Payogasta

Este pequeño pueblo, de apenas 400 habitantes, se ha convertido en la sede perfecta para los talleres fotográficos de Mirada Calchaquí. Los paisajes de los valles combinan perfectamente con la gastronomía que nos ofrecen Ale y Elvira en la Sala de Payogasta y el Abasto Ruta 40. Hay mucho para contar de este lugar. Os dejo el enlace a los posts de la tercera (Mirada Calchaquí) y cuarta edición (“Coplas de Payogasta”) de este lugar de encuentro creado por Nico, Juan y Javi.

Mirada Calchaquí
Mirada Calchaquí

Seclantás

El nombre de Seclantás daba vueltas en mi cabeza desde que el libro de Sara Gallardo cayó en mis manos hace ya 2 años. El club de madres de Seclantás y su paralelismo con Pata Pila me empujaba a visitar este lugar. Al comentarle a Nico mi intención de visitar Seclantás, me dice ¡Vamos! Así también visito a Guiso que llevo tiempo queriendo hacerle una foto. Guiso y el club de madres merecen su propio lugar en este post. Os cuento más en el apartado de historias de los Valles.

Calles de Seclantás
Calles de Seclantás

Artesanos de Seclantás

Hay dos opciones para llegar hasta Seclantás: la propia ruta 40 y el camino de los artesanos o “El Colte”. Decidimos hacer un recorrido circular. Ir por un camino y regresar por el otro. Esto nos permite hacer una pequeña visita a las hermanas Canavides, unas de las tejedoras con mayor fama en el valle.

Seclantás es conocido como la cuna del poncho salteño, una de las prendas más emblemáticas del norte argentino. Aquí se mantienen vivas técnicas ancestrales de tejido como el telar criollo, el uso de lana de oveja y llama y los tintes naturales.

Ponchos de las hermanas Canavides
Ponchos de las hermanas Canavides

Llegamos a Seclantás a la hora de la salida del colegio. Después de que los alumnos llegan a sus casas, llega el silencio. Somos las únicas personas caminando por las calles del pueblo. Solo algunos perros nos acompañan. Es la hora de la siesta e incluso alguien se atreve a dormir con la puerta del auto abierta. La paz del Valle.

Seclantás
Seclantás

Comer y beber en Seclantás

Nos dirigimos a “La Casona” para degustar algunas de sus deliciosas empanadas y dejamos un espacio para el postre. Han abierto una nueva cafetería en la plaza con dulces artesanales y no nos podemos resistir a su alfajor con corazón de frutos rojos.

Empanadas de la Casona, en Seclantás
Empanadas de la Casona, en Seclantás

¿Qué ver en Seclantás?

Casa de la Magia

Seclantás fue declarado uno de los 6 lugares mágicos de la provincia de Salta y aquí podrás encontrar una muestra de todo lo que este pueblo ofrece.

Mausoleo de los Díaz

Este mausoleo, situado junto al cementerio, tiene mucho que ver con la historia del club de madres. Os lo cuento más adelante. Para visitar su capilla, única del país decorada a carbonilla, tendrás que pedir su apertura en la oficina de turismo de la municipalidad. Gracias Fernanda por dedicarnos tu tiempo y sabiduría.

Mausoleo de los Díaz
Mausoleo de los Díaz

La capilla fue terminada en 1885 y tanto su construcción como la decoración interior fueron obra de un adolescente Apolinar Durán.

Mirador de Seclantás

Situado en una ladera cercana al cementerio, este mirador permite apreciar el pueblo y el valle desde las alturas.

Cuevas de Acsibi

Estás cuevas se encuentran dentro de una propiedad privada y solo pueden visitarse con guía. Visita su página web para encontrar toda la información. La Finca Montenieva se encuentra a 2.7 km al sur de la Plaza principal del pueblo de Seclantás. Una vez allí deberás realizar un recorrido de 16km en camioneta y un trekking de dificultad moderada de 7km a 2800m de altitud para alcanzar las cuevas, por lo que las visitas se realizan a primera hora de la mañana.

Cafayate

Cafayate está rodeado de montañas rojizas y quebradas esculpidas por el tiempo. Aunque su nombre significa caja de Ríos en quechua porque el lugar se encuentra rodeado de 4 cauces, es un entorno árido donde el agua es un tesoro. Sin embargo, gracias al riego, el valle se transforma en un oasis verde de viñedos. Cafayate es sinónimo de vino, especialmente del Torrontés, la variedad blanca emblemática del norte.

A 12 km del pueblo, por la ruta 68 y en dirección a Salta encontramos la impresionante Quebrada de las Conchas. Un recorrido natural de 70 km donde aparecen formaciones como la Garganta del Diablo o el Anfiteatro, verdaderas esculturas de la naturaleza.

Quebrada de las conchas
Quebrada de Las Conchas

No debes perderte la garganta del diablo con su puerta al infierno ni la puerta del cielo, situada junto al anfiteatro. También merecen una parada los miradores de Tres Cruces, Ojo de Cóndor y el situado en el kilómetro 69 donde se puede apreciar el Valle de Lerma y el inicio de la Quebrada. En esta tierra de Diaguitas también encontrarás algunos de los símbolos de su cosmovisión, donde el suri representa la tierra, la rana el agua, la serpiente el fuego y el cóndor el aire.

Si eres cinéfilo, puede que reconozcas este puente. El puente Morales, protagonista en una de las historias de Relatos Salvajes. Se encuentra en la Ruta Nacional 68, cerca del kilómetro 62, dentro de la Quebrada de las Conchas y aproximadamente a una hora de viaje desde Cafayate.

El puente de Relatos Salvajes
El puente de Relatos Salvajes

Bodegas Calchaquíes

El vino de los Valles Calchaquíes no es solo una bebida. Es una expresión del paisaje extremo, de la altura y de una forma de trabajar la tierra que combina tradición e innovación. Aquí, la vid crece en condiciones que en otros lugares serían casi imposibles.

Viñedos de los valles calchaquíes
Viñedos de los valles calchaquíes

Los viñedos están entre los 1.600 y más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y esto genera condiciones únicas para los vinos de altura. La alta radiación solar hace que las uvas crezcan con piel más gruesa; la gran amplitud térmica, con días cálidos y noches frías, conservan la acidez; y el aire seco ayuda a que haya menor presencia de plagas. El resultado son unos vinos intensos, aromáticos y con mucha personalidad.

Isasmendi

El atardecer desde esta bodega, con una buena copa de vino en la mano y el sol cayendo tras el Nevado de Cachi es una de las mejores experiencias que puedes elegir en el pueblo cacheño.

Puna

Puna es nuestra elección para comer en el primer día en el valle y es un gran acierto. Después de decidir el plato que íbamos a degustar, Fede nos acompaña en un recorrido por la bodega. En la zona de producción se siente un olor intenso, duro, casi parece que estamos tomando uno de sus caldos. –Este es un lugar peligroso porque en el momento de la fermentación el alcohol se evapora y puedes llegar a emborracharte mal solo con aspirar sus vapores– nos dice Fede. Me lo puedo imaginar, si ahora el olor es así de fuerte ¿Cómo será en los peores momentos?

Sala de barricas en la bodega Puna
Sala de barricas en la bodega Puna

Tras esta primera parada técnica, recorremos la sala de barricas y culminamos la visita entre todas las variedades de vino de la bodega. Fede nos explica las características de cada una de ellas y, aunque había pensado en tomar una copa del torrontés blanco, cambio mi decisión a un cabernet tinto que maridará mejor con el solomillo con reducción de malbec que he elegido para comer.

Fede y los vinos de Puna
Fede y los vinos de Puna

Nos sentamos en nuestra mesa, con vistas hacia los viñedos y los cerros de fondo y en breves minutos llega nuestra comida. La carne se corta como mantequilla, está en su punto justo de cocción y en cada bocado se nota el sabor lejano del vino. La reducción de Malbec le da el punto justo de identidad convirtiendo el plato en algo especial.

Excelente almuerzo en la bodega Puna
Excelente almuerzo en la bodega Puna

Miraluna

La bodega Miraluna es otra buena opción para visitar y comer en los alrededores de Cachi. Su vino Ekeko es el elegido para nuestra primera cena en el Valle. Un vino de altura con cuerpo pero suave al gusto. De esos vinos peligrosos porque no te cansas de beberlo hasta que es tarde para llegar a casa.

Colomé

La bodega Colomé se encuentra más alejada, cerca de la población de Molinos. Se trata de la bodega más antigua de Argentina que se encuentra aún en funcionamiento. Pero ha sabido reinventarse. Actualmente cuenta con un afamado hotel boutique y uno de los mejores museos del norte. El museo James Turrel sobre la luz y el espacio.

Historias de los Valles

Este lugar invita a abandonar las prisas. El tiempo aquí corre a otra velocidad. No hay mejor plan que sentarse a charlar con los habitantes del Valle. Escuchar sus historias de vida, lucha y resistencia. Compartir vivencias, mates y risas. Disfrutar de su compañía.

Guiso Morales en su taller de Seclantás
Guiso Morales en su taller de Seclantás

Guiso Morales

Plácido Héctor Morales o Guiso, como le conocen sus amigos, nos recibe con las manos pintadas de distintos colores. Acaba de teñir la lana para empezar a tejer una alfombra que le han encargado. Nos cuenta que esta vez ha usado anilinas, los colores que quiere el cliente no se encuentran en la naturaleza, o al menos no en esta zona.

Lana teñida en el taller de Guiso
Lana teñida en el taller de Guiso

Nico conoce a Guiso desde hace años y éste enseguida abandona sus quehaceres para acompañarnos en un recorrido por su taller. Nos muestra las dos alfombras que tiene ahora a la venta. “Antes nunca tenía nada a la venta. Siempre tejía por encargo. Pero ahora he tenido algunos meses en blanco y he estado tejiendo estas piezas”. Le pregunto cuanto tarda en cada obra y me dice que las más simples le llevan 2 o 3 semanas entre que tiñe la lana, diseña la cuadrícula y se hace el tejido, pero algunas pueden necesitar 3 o 4 meses para acabarlas.

La mano de Guiso y una de sus alfombras de lana
La mano de Guiso y una de sus alfombras de lana

Tres meses le llevó el tapiz de la Iglesia de Seclantás que me enseña orgulloso en su libro de muestras. Sobre una foto de uno de los vecinos, del pueblo diseñó la cuadrícula y se puso manos a la obra. Hay cientos de colores distintos para lograr el matizado, los reflejos y el acabado tan realista. ¡Parece un cuadro de Rembrandt! Coincidimos Nico y yo. Espectacular.

Tapiz De la Iglesia de Seclantás
Tapiz De la Iglesia de Seclantás

La foto de la foto

Las paredes del taller de Guiso son un museo. Un charango hecho con el caparazón de un quirquincho se sitúa junto a la foto en blanco y negro de un gaucho que no es otro que su padre. Las fotos de algunas de sus obras enmarcadas en madera de cardón compiten con los pósters de Boca Juniors. Una acuarela en la que aparece él junto a su telar, un cuadro de la Virgen de Guadalupe, una ajada fotografía De la Iglesia de Seclantás, una pintura que le regalaron una vez y, en el medio, presidiendo, una fotografía en blanco y negro que ha sido coloreada. La foto de los padres de Guiso. Esa foto que lleva años llamando a la creatividad de Nico. La foto con la foto será el próximo cromo en esta colección de recuerdos.

Nicolás Preci y Guiso Morales
Nicolás Preci y Guiso Morales

El club de Madres de Seclantás

Le hablo a Nico de mi hallazgo sobre el club de madres de Seclantás y me pregunta si me acuerdo de algún nombre. “Quizá podamos encontrar a algún familiar en el pueblo”. Ida Martínez de Díaz es el nombre que aparece en el relato de Sara Gallardo. –Díaz. Ese es el nombre del mausoleo que quiero mostrarte. Preguntémosle a Fernanda– me sugiere. Nos llama la atención la majestuosa casona de la plaza: Casa Díaz reza su letrero. Seguimos encontrándonos con ese apellido.

Le preguntamos a chatGPT y nos lanza esto: Ida Genoveva Martínez de Díaz (fallecida el 17/05/2011) fue una figura destacada en Seclantás, Salta, reconocida por su labor educativa como directora de la Escuela Primaria Nº 4630 “Dr. Federico Ibarguren” y por su impacto social. Impulsó obras clave en la zona, incluyendo la fundación del Club de Madres y la Biblioteca Municipal, además de gestionar la electricidad y el agua en red para la comunidad.

Por un momento nos sale la vena perodística y queremos averiguar todo lo posible. Fernanda me cuenta que hay muy poca información sobre el tema: “Se sabe que Laura Díaz, anterior a Ida, creó la liga de madres. Un lugar de encuentro en el que las mujeres se juntaban a conversar, tomar el té y tejer. Pero no sabía de la existencia de esa mención de Sara Gallardo. Ida fue una de sus descendientes y era la redactora de la Voz de Seclantás, un noticiario que recogía sobre todo artículos de sociedad”.

La de Laura Díaz de Erazu, fallecida en 1971, es la única tumba que se encuentra en el mausoleo de los Díaz. No sabemos por qué. Hasta aquí llega nuestra investigación. Seguiré tirando del hilo en próximos viajes.

Coplas de Payogasta

”Y llega un instante en el que todas las voces se funden en una. Hace su aparición la Salamanca, las almas se unen y el momento se convierte en magia” nos cuenta Mabel mientras relata como la primera vez que agarró la caja apenas podía alzar la voz. “Las lágrimas corrían por mi cara. Sentía que mi abuela estaba conmigo”. Lloraba coplas.

Coplas de Payogasta
Coplas de Payogasta

Así empieza la crónica que resume la cuarta edición de mirada Calchaquí. En “Coplas de Payogasta” os cuento las historias de Eufrosina, Hilda, Nicolás, Lucas y Norma. No dejéis de pasaros por allí. Como os decía, los paisajes de los valles son impresionantes, pero más impresionantes aún son las historias y vivencias de sus gentes.

Hasta aquí el post de hoy. ¡Nos leemos en breve!

Valles Calchaquíes
Valles Calchaquíes

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