Paraguay: entre ríos y memoria

Hay viajes que se siguen por carreteras y otros que se dejan guiar por los ríos. En mis distintas visitas al norte recorrí el Gran Chaco acompañando a comunidades indígenas que viven a orillas del Bermejo y el Pilcomayo. Con ellas comprendí que estos ríos son mucho más que una frontera o un accidente geográfico. Son territorio, memoria y vida.

Después de seguir el curso del “río de los pájaros” durante mi aventura por la Ruta Nacional 81 y el Bañado de la Estrella, crucé de nuevo el Pilcomayo para continuar el viaje en Paraguay. Atravesé Asunción, descendí siguiendo el curso del río Paraguay hasta Encarnación y terminé junto al Paraná, donde las antiguas reducciones jesuíticas conservan la huella del pueblo guaraní. Este es el recorrido por un país que no solo une fronteras, sino también culturas, paisajes e historias.

Paraguay. Entre ríos y memoria
Paraguay. Entre ríos y memoria

Índice

El río Bermejo y las historias de sus pescadores

Antes de cruzar a Paraguay, el viaje comienza a orillas del río Bermejo, acompañando a los pescadores wichí que llevan generaciones viviendo de sus aguas. Entre redes, canoas y jornadas de pesca descubrí un río que también está lleno de relatos. Las leyendas del Bermejo y del Pilcomayo hablan de un territorio donde la naturaleza y la tradición oral siguen siendo inseparables.

Un día de pesca en el Bermejo

Un día de pesca en el Bermejo
Un día de pesca en el Bermejo

El Pilcomayo: el río de los pájaros

Los wichí llaman al Pilcomayo “el río de los pájaros”. Indomable e imprevisible, cambia constantemente de curso, inunda el monte y da vida al Bañado de la Estrella, uno de los humedales más extraordinarios de Sudamérica. Seguir su cauce fue también una forma de comprender la estrecha relación entre el agua, el territorio y las comunidades que habitan sus orillas.

El indomable río Pilcomayo

El Bañado de la Estrella

El Bañado de la Estrella
El Bañado de la Estrella

El río Paraguay: la columna vertebral del país

Tras cruzar el Pilcomayo, el viaje continúa por el gran río que da nombre al país. Desde hace siglos, el río Paraguay ha sido la gran arteria que comunica el Chaco con el sur del continente. A sus orillas nació Asunción. Una de las ciudades más antiguas de Sudamérica y punto de partida de numerosas expediciones hacia el interior del continente. Hoy sus aguas siguen marcando el ritmo de la capital y de la vida cotidiana de quienes viven junto a ellas.

Antes de ir a Paraguay

Paraguay es uno de los países más sencillos para viajar por Sudamérica. El castellano y el guaraní son idiomas oficiales y conviven con total naturalidad en la vida cotidiana.

La moneda oficial es el guaraní (Gs.). En Asunción es fácil pagar con tarjeta, pero fuera de las grandes ciudades conviene llevar efectivo. Los cajeros automáticos son habituales en la capital y en las principales localidades.

Frontera entre Clorinda y Asunción
Frontera entre Clorinda y Asunción

Los ciudadanos españoles y la mayoría de viajeros europeos no necesitan visado para estancias turísticas. Antes de viajar conviene comprobar los requisitos actualizados de entrada y la documentación necesaria.

Si tu viaje coincide con el verano austral (de diciembre a marzo), prepárate para temperaturas elevadas y una humedad intensa. La primavera y el otoño ofrecen un clima mucho más agradable para recorrer el país.

¿Cómo moverse en Paraguay?

Moverse por Paraguay resulta sencillo entre las principales ciudades gracias a una amplia red de autobuses de larga distancia. Son una opción cómoda y económica para desplazarse entre Asunción, Encarnación o Ciudad del Este. También encontrarás numerosas líneas internacionales hacia Brasil y Argentina. En cambio, para visitar lugares como Trinidad o Jesús de Tavarangüe, disponer de vehículo propio o contratar un transporte privado facilita mucho el recorrido.

Si piensas moverte en autobús por Asunción, hay una cosa que debes saber antes de llegar: no se puede pagar el billete en efectivo. Todo el transporte público del área metropolitana funciona con el Sistema Nacional de Billetaje Electrónico. Necesitarás una tarjeta Jaha o Más. La tarjeta tiene un precio oficial de 25.000 guaraníes. Pueden comprarse y recargarse en numerosos comercios autorizados y en las aplicaciones móviles de cada operador. Si vas a permanecer varios días en la ciudad, merece la pena adquirir una nada más llegar.

¿Cómo moverse en Paraguay?
¿Cómo moverse en Paraguay?

Dormir en Asunción

Asunción es uno de esos lugares en los que todavía conviene perderse sin Google Maps. No por el encanto de sus callejuelas, sino por las innumerables alcantarillas sin tapa y las aceras en mal estado, que obligan a caminar con la vista puesta en el suelo en lugar de en la pantalla del móvil.

Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata
Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata

Mientras sorteábamos obstáculos, un paraguayo bromeó conmigo: «En nuestra defensa diré que, como no pagamos impuestos, tampoco podemos quejarnos». No sé si tenía razón, pero aquella frase me hizo pensar en la otra cara de esa realidad. La baja presión fiscal ha convertido a Paraguay en un destino cada vez más atractivo para emprendedores y nómadas digitales. Especialmente en Asunción, donde conviven viajeros de largo recorrido, trabajadores remotos y expatriados llegados de medio mundo.

Fue precisamente en el hostel donde mejor pude comprobarlo. Los dos alojamientos de La Maison: La petite Maison de Diana y La Maison de Caballeros son el lugar perfecto para alojarse en la capital. Habitaciones compartidas con buena relación calidad-precio y ubicación cercana al centro.

La Maison

Un pasaporte perdido. Una argentina hija de francés y española, nieta de gitana, bisnieta de judíos y alemanes que espera su nacionalidad paraguaya. Un porteño que no piensa volver a Buenos Aires y ha encontrado el amor en una figura sin patria. Un koreano que después de tres meses sigue sin hablar una palabra de castellano. Dos brasileñas compartiendo confidencias y murales. Un programador español. Una amish brasileña y sus maletas llenas de libros. Un suizo de los de antes. Todo en cash. Los trámites para conseguir la residencia de un hindú. Un cocinero dominicano. Un fotógrafo estadounidense. Tres argentinos, una española y la final del mundial.

Hacía mucho que no me alojaba en un hostel de verdad. Uno de esos hostel que ha dejado de ser un lugar de paso. Juan y Diana regentan los dos alojamientos de La Maison y han conseguido convertir en una familia esa amalgama de viajeros, expatriados, nómadas y voluntarios. Uno de esos lugares a los que siempre quedan ganas de volver.

La Petite Maison de Diana
La Petite Maison de Diana

Comer y beber en Asunción

La gastronomía paraguaya sorprende por su sencillez y por la fuerte presencia de ingredientes como la mandioca, el maíz o el queso fresco. La cultura guaraní no solo sobrevive en las ruinas o en el idioma, sino también en la mesa. Más que una cocina de grandes artificios, es una cocina ligada al campo y a la vida familiar. Muchos de los ingredientes que aparecen una y otra vez —mandioca, maíz, hierbas medicinales o yerba mate— forman parte de un legado mucho más antiguo que la propia llegada de los españoles.

Si es tu primera vez en Paraguay, hay varios platos que no deberías marcharte sin probar. La sopa paraguaya, pese a su nombre, no es una sopa, sino un pastel salado de harina de maíz, queso y cebolla. El mbejú, elaborado con almidón de mandioca y queso, es uno de los desayunos o meriendas más populares. Y la chipa, omnipresente en panaderías y puestos callejeros, acompaña a la perfección un café o un mate.

Mi plato favorito fue, sin duda, el vori vori, considerado por muchos el plato nacional. Se trata de un caldo de pollo enriquecido con pequeñas bolas de harina de maíz y queso que le aportan una textura muy característica. Es una receta humilde, reconfortante y profundamente ligada a la cocina tradicional paraguaya. Su nombre procede del guaraní vori, que significa “bolita”, repetido dos veces como forma de expresar abundancia.

Tereré

Para combatir el calor, el gran protagonista es el tereré, la versión fría de la infusión de yerba mate. Se bebe en cualquier momento del día y suele compartirse entre amigos o familiares. En muchos hogares y mercados también se prepara con una mezcla de hierbas medicinales frescas, una costumbre heredada de la tradición guaraní que convierte cada vaso en mucho más que una simple bebida.

Tereré
Tereré

El Bolsi

Si tuviera que recomendar un único restaurante en Asunción, sería sin dudarlo Bolsi. Abierto desde 1960, es una auténtica institución de la ciudad y uno de esos lugares donde comen tanto los asuncenos como los viajeros. Ocupa dos edificios históricos del centro y forma parte de la memoria gastronómica de la capital.

Su carta combina cocina paraguaya e internacional, pero merece la pena aprovechar la visita para probar algunas de las especialidades locales. Yo no dejaría pasar la oportunidad de pedir un buen vori vori, acompañado de una sopa paraguaya o una chipa guasu. El ambiente es animado a cualquier hora del día, el servicio es rápido y los precios siguen siendo muy razonables, lo que explica que continúe lleno más de seis décadas después de abrir sus puertas.

Vori Vori en el Bolsi
Vori Vori en el Bolsi

¿Qué ver en Asunción?

Asunción no es una ciudad que deslumbre a primera vista. No tiene la monumentalidad de otras capitales sudamericanas ni pretende competir con ellas. Su encanto aparece poco a poco, caminando sin prisas por un centro histórico donde conviven edificios coloniales, arquitectura republicana y cafés tradicionales.

Centro histórico

El recorrido puede comenzar en el Palacio de los López, sede de la Presidencia de la República y uno de los edificios más representativos del país. Muy cerca se encuentran el Panteón Nacional de los Héroes y la Casa de la Independencia, dos lugares imprescindibles para comprender la historia del Paraguay.

Panteón Nacional de los Héroes
Panteón Nacional de los Héroes

Desde allí merece la pena acercarse hasta la Manzana de la Rivera, un conjunto de antiguas casas restauradas frente al palacio presidencial que hoy albergan espacios culturales, exposiciones y uno de los mejores miradores sobre la bahía. Desde allí, la caminata continúa hacia la Loma de San Jerónimo y la Costanera de Asunción.

Loma de San Jerónimo

Antes de bajar a la Costanera merece la pena subir una de las siete colinas sobre las que nació Asunción. Loma San Jerónimo conserva el trazado irregular de un antiguo barrio portuario donde las calles parecen adaptarse al terreno en lugar de imponerse sobre él. Sus casas de colores, las escalinatas y el pequeño mirador invitan a detenerse un rato. Desde arriba, el río Paraguay vuelve a convertirse en protagonista. Cuesta imaginar un lugar mejor para comprender por qué la ciudad nació precisamente aquí.

Costanera de Asunción

El gran paseo junto al río Paraguay. Al atardecer, familias, ciclistas y pescadores comparten un espacio donde el río vuelve a convertirse en protagonista. Es uno de los mejores lugares para comprender por qué el Paraguay ha marcado la historia y la vida cotidiana del país durante siglos.

Costanera de Asunción
Costanera de Asunción

Mercado 4

Si quieres descubrir la ciudad más allá de sus monumentos, acércate al Mercado 4. Sus puestos de fruta, hierbas medicinales, artesanía y gastronomía ofrecen una imagen mucho más cercana de la vida cotidiana que cualquier museo. Es también un buen lugar para probar especialidades como la chipa, el mbejú o la sopa paraguaya.

Mercado Municipal Nº4
Mercado Municipal Nº4

Museo del ferrocarril

Hoy resulta difícil imaginarlo, pero Paraguay fue uno de los primeros países de Sudamérica en contar con ferrocarril. Impulsado por el presidente Carlos Antonio López, el primer tramo comenzó a funcionar en 1861 y, con el tiempo, la línea llegó a unir Asunción con Encarnación, convirtiéndose en el principal eje de comunicación del país durante más de un siglo.

Al igual que ocurrió en el norte de Argentina, el tren favoreció el crecimiento de pueblos, facilitó el comercio y cambió para siempre la forma de recorrer el territorio. Sin embargo, el desarrollo de las carreteras y décadas de abandono provocaron el progresivo cierre de la red. El servicio regular entre Asunción y Encarnación dejó de funcionar a finales de los años ochenta y, en la actualidad, Paraguay es el único país de Sudamérica sin una red nacional de trenes de pasajeros.

Ferrocarril en Paraguay
Ferrocarril en Paraguay

Aun así, el legado ferroviario sigue muy presente en Asunción. La antigua Estación Central del Ferrocarril, uno de los edificios más elegantes de la capital, alberga hoy un museo donde se conservan locomotoras de vapor, vagones históricos y numerosos objetos que recuerdan la importancia que tuvo el ferrocarril en la construcción del país. Merece la pena dedicarle una visita, especialmente si, como yo, disfrutas descubriendo cómo los viejos caminos y las vías férreas ayudaron a dar forma a los territorios que recorremos.

Existe además un cierto aire de esperanza. Tras años de abandono, la estación está siendo restaurada y se estudia su futura recuperación como terminal de un tren de cercanías. Quizá todavía falte tiempo para volver a viajar en tren por Paraguay. Mientras tanto, las viejas locomotoras permanecen inmóviles en la estación, recordándonos que también las vías pueden convertirse en memoria.

Escapadas desde Asunción

Mi tiempo en Asunción este año fue muy limitado y fue imposible conseguir una tarjeta Jaha en domingo, pero os cuento algunas de las escapadas que quedan pendientes para mi próxima visita.

Areguá: la ciudad del lago y la cerámica

Situada a unos 30 km de Asunción, Areguá es una de las excursiones más agradables para pasar medio día. Declarada Pueblo Creativo por la UNESCO en la categoría de artesanía, es conocida por sus talleres de cerámica, sus casas coloniales y su ambiente tranquilo.

La ciudad se asoma al Lago Ypacaraí, inmortalizado por la famosa guarania Recuerdos de Ypacaraí. Pasear por sus calles empedradas, visitar las galerías de artistas y terminar la tarde junto al lago es uno de los planes más recomendables cerca de la capital.

Itauguá: la tierra del ñandutí

A solo unos kilómetros de Areguá se encuentra Itauguá, considerada la capital del ñandutí, el encaje artesanal más representativo del Paraguay.

El nombre ñandutí significa “tela de araña” en guaraní, una descripción perfecta para estos delicados bordados circulares. En muchas tiendas y talleres es posible ver a las artesanas trabajando y comprar piezas elaboradas a mano, desde pequeños recuerdos hasta manteles o vestidos.

Luque: música, artesanía y fútbol

Luque suele ser conocida por albergar el aeropuerto internacional, pero merece una visita por derecho propio.

La ciudad es uno de los principales centros de fabricación de arpas paraguayas y de joyería en filigrana. También conserva edificios históricos y una fuerte tradición musical. Para los aficionados al deporte tiene además un atractivo añadido. Aquí se encuentran las sedes de la Confederación Sudamericana de Fútbol y del Museo CONMEBOL.

Misiones Jesuíticas
Misiones Jesuíticas

Continuar el viaje

Desde Asunción el río Paraguay conduce hacia el sur hasta Encarnación y el Paraná, donde el paisaje cambia de nuevo y comienza el territorio de las antiguas misiones jesuíticas.

El Paraná y la memoria guaraní

El último tramo del viaje discurre junto al Paraná. En Encarnación descubrí una ciudad que mira al río con una identidad renovada. Muy cerca de allí, las antiguas reducciones jesuíticas conservan la memoria del pueblo guaraní. El Paraná no solo separa Paraguay de Argentina; también une una historia compartida a ambos lados de la frontera.

Encarnación no es Encarnación

Misiones jesuíticas

Entre ríos y memoria

Dicen que los ríos nunca son los mismos. Quizá tampoco lo sean los viajeros. Después de recorrer Paraguay comprendí que el Bermejo, el Pilcomayo, el Paraguay y el Paraná no solo unen territorios. También enlazan las historias de quienes viven en sus orillas y de quienes aprendemos a escucharlas. Al fin y al cabo, algunos viajes no se recuerdan por los kilómetros recorridos, sino por los ríos que decidimos seguir.

Paraguay. Entre ríos y memoria
Paraguay. Entre ríos y memoria

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